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Margot Loyola

Una de las folcloristas más destacadas de nuestro país, Premio Nacional de Arte, cantora de nuestra cultura, eternamente sonriente y sencilla.

BIOGRAFIA MARGOT LOYOLA

El nombre lo respeta el pueblo: Margot Loyola Nació en Linares, pero ha crecido en los caminos de Chile, compilando, investigando y divulgando música, canción y danza. En este andar adquiere una responsabilidad, un compromiso con el pueblo. Camina por Chile mirándolo todo, observándolo con una pasión interior. Margot Loyola comprende el ser en su medio, es una de las intérpretes con santidad de texto. Su espíritu, vocación y abundancia, del corazón le hace surgir una profesión de chilena. Es un prócer del folclor, le corresponde un folio aparte, Ella trasciende en el mundo de los valores. Delimitar la extensión de sus campos de acción, es recorrer el alma de Chile. Todos le conocen sus amores: Chiloé, los araucanos [sic], la zona central, Isla de Pascua [sic], el Norte, el altiplano ariqueño y siempre el pueblo. Es un cariño afianzado en el universo margoloyolano. En el escenario se siente su presencia. Posee una grande e impetuosa capacidad. No le importa que el sudor empape o la brisa refresque. Se aviva como llama de una hoguera a la que le da un buen viento. Es fuente de energía y voluntad. Frente a ella el elogio prende. Su parla chilena, voz del pueblo, se entrega rica de malicias, de intuiciones, de valores cuando habla de una persona o cuenta a la nación. Que nadie la detenga que venga, que venga. Se sabe que terminará su peregrinaje sólo al borde de la muerte.

(Oreste Plath, “Liviano esbozo de una artista”)

SUS COMIENZOS

Mi niñez fue con pocos juegos, estuve muy preocupada de cosas de gente grande. Viví rodeada de música y canto, de música de la naturaleza, que es superior.

Ana Margot Loyola Palacios nació en Linares un 15 de septiembre de 1918. Fue la mayor de cuatro hermanos (Ruth Estela, Juan Recaredo y Marco Aurelio). Sus padres fueron Recaredo Loyola, oriundo de Putú y Ana María Palacios de Linares.

Don Recaredo, en su juventud fue gallero (criador y apostador a las peleas de gallos) y comerciante. Era también aficionado a las chinganas (lugares populares de entretenimiento que fueran conocidos en Perú y Chile. Palabra que deriva del quechua chinkana cuyo significado es laberinto) y amante del canto tradicional, a diferencia de su señora, Ana María Palacios, quien fue una de las primeras farmacéuticas en Chile, y una amante de las bellas artes, la filosofía y la pintura. Sin duda estas dos personalidades conviven en Margot y marcan su relación con el pueblo y la academia.

A los siete años, e impulsada por su madre, Margot comenzó a estudiar piano. Luego, a fines de la década de los treinta, el conjunto de las Hermanas Estela y Margot Loyola actuó, con guitarras prestadas, en todos los actos públicos de Curacaví, pueblo en que su madre, ya separada hace unos años, se había hecho cargo de una botica (actuales farmacias)

En sus inicios las Hermanas Loyola, ganaron un concurso de aficionados en la radio Pacífico en Santiago, lo que impulsó la carrera del dúo. Después de mucho esfuerzo realizaron sus primeras grabaciones llevándolas al éxito y giras por todo el país.

EL ESTUDIO DE LA CULTURA TRADICIONAL

Para estudiar el folclor se necesita rigor, profundidad, estudios, respeto, conocimiento, modestia. El folclor va siempre callado, lento, profundo… es como un secreto.

Primeros acercamientos de las Hermanas Loyola con el canto tradicional. Desde su infancia Margot sintió la cercanía con el canto tradicional, oído primero de su madre y luego a las cantoras, que cantaban a los pesebres que se hacían en las casas patronales, especialmente en San Antonio, lugar cercano a Linares, donde iba a pasar algunas temporadas.

De la vida matrimonial de sus padres, Margot extrajo la experiencia de lo tradicional, que también encontró en su nana, las tortillas al rescoldo y las leyendas del Maule. De esa época quedaron en sus oídos y memoria cantos antiguos de cantoras de los pueblos de Rari, Panimávida y del mencionado pueblo de San Antonio.

Interés de Margot por la investigación. Sus primeros viajes a terreno. El contacto con el musicólogo Carlos Isamitt y el repertorio que éste le entregara, despertó en Margot Loyola el interés por la investigación, esto le hizo replantear su quehacer artístico.

Es así que en 1946 realizó, junto a la poeta y escultora Cristina Miranda, sus primeros dos viajes a terreno a las localidades de Alhué, Colliguay, Putú y otras zonas del Maule, viajes que contempló la recopilación de canciones con una metodología de trabajo.

Margot consideró que toda labor en terreno debía realizarse en equipo. Es así como desde el año 1962 estudió la cultura tradicional junto a su marido Osvaldo Cádiz. Ambos invitaron a alumnos para que aprendieran su metodología de trabajo en terreno.

Forma y evolución en el trabajo de investigación Margot, siendo niña, y para recordar los cantos de su madre y de las campesinas de la zona de Linares, ideó un sistema de anotación musical para no olvidar las melodías y rasgueos aprendidos. Sistema que, a pesar después de haber aprendido cifrado musical, siguió utilizando como apoyo al registro audiovisual.

Este sistema de anotación consistía en dar una línea central y mediante trazado de líneas, sean curvas o rectas, marcaba la melodía de la canción, haciendo las líneas más gruesas donde la cantora ponía el énfasis.

La metodología de investigación en terreno Margot la aprendió sola y en forma muy intuitiva. A veces corroborando la información que le entregara el cultor o cultora, no a través de preguntas directas sino que mediante las conversaciones diarias.

En la recopilación e investigación en terreno, para Margot fue importante conocer a la comunidad en forma íntegra, adentrándose en ésta sin pensar, viviendo la cotidianeidad. Así su planteamiento fue descubrir al hombre y la mujer, aprendiendo todo lo que estos pudieron y quisieron enseñarle.

El acercamiento personal y la observación directa fue lo primero que puso en práctica. Posteriormente y con autorización de los cultores hacia grabaciones y finalmente estudiaba. Indagaba y revisaba parámetros musicales, rasgos estilísticos entre otros aspectos.

Margot entendía la diversidad cultural y la diversidad de identidades en un grupo, de esta forma el compartir y aceptar mutuamente significados, a través de la empatía, es uno de los elementos que usaba en este proceso de adaptación a la comunidad.

La investigación en terreno no la consideraba un trabajo propiamente tal, sino más bien un acercamiento al otro. La importancia de esto es que el aprendizaje de las manifestaciones tradicionales se obtiene en la convivencia con el cultor. Son ellos los que finalmente determinan qué, cuándo y cuánto entregar.

Margot y los pueblos originarios En las primeras giras que realizan las Hermanas Loyola, incluyeron en su repertorio cantos mapuche, enseñados por el músico Carlos Isamitt, siendo pioneras en la interpretación del canto y el uso de instrumentos de pueblos originarios.

Si bien el canto mestizo es el que atrae su atención y en el que se inicia musicalmente, el canto de pueblos originarios como Mapuche, Rapa Nui, Likan Antay, Aymara y Kaweshkar, encuentraron en su voz una aliada para dar a conocer su acervo cultural.

De la cultura Rapa Nui fueron preponderantes en su trabajo de investigación Ricardo Hito, Leonardo Pakarati, Verónica y Susana Atán, Maria Ignacia Paoa, Felipe Riroroko y Kiko Paté los cuales le confiaron todo el saber cultural que ellos conservaban. Es así como Margot Loyola difundió las manifestaciones Rapa Nui en el continente.

Las machis Edelmira Lepillán y Marcelina Neculpán a la que se suma Rosa Calfiqueo, todas de la zona de Arauco, le enseñaron a Margot formas de canto, instrumentación y ejecución de danzas de la cultura mapuche. Con ellas aprendió la ejecución de estas manifestaciones desde la estética de la comunidad, lo que actualmente llamamos etnoestética.

El gran Lonko huilliche de las comunidades chilotas de Chadmo y Compu, José Santos Lincomán y su mujer Alicia Inaicheo, le enseñaron cantos de esa cultura en lengua nativa. Con José Santos le unió una gran amistad desde 1945, año en que se conocieron. Tanto es así que, a la muerte del lonko el cantautor Héctor Leiva compone “Pericona por Lincomán”, que Margot grabó y dió a conocer.

En Punta Arenas, Mario Isidro Moreno, le mostró a Margot la cultura de la zona y la condujo hasta Margarita Auxiliadora Molinari Edén nombre que se le diera a Kau shok cantora kaweshkar. Ella le facilitó a Margot canciones propias de esa etnia de las cuales grabó sólo tres, siendo la primera folclorista que interpretó música kaweshkar.

El trabajo de difusión del canto de grupos originarios fue abierto por Margot Loyola hacia distintos públicos. Antes no existían personas de estas comunidades que hicieran canto fuera del contexto comunitario, tendencia a la cual han adherido actualmente las propias comunidades, que estudian y difunden su canto vernáculo.

EN LOS SIGLOS XX Y XXI

Siento un drama, porque no veo a este país como quisiera, veo que mi tierra es tan linda, que los chilenos son tan capaces, pero no sé porqué no llega la idealización, donde todos estemos en un mismo nivel, teniendo cada uno lo que se merece.

Amistades entrañables. Cuando Margot Loyola tenía dieciocho años y estudiaba piano en el conservatorio, conoce a Cristina Miranda, una de sus amigas entrañables y que la ayudó a enrielar su vida. La estudiante de leyes y luego secretaria del diario La Hora, fue una reconocida poetisa y escultora.

Oriunda de Valparaíso, Cristina fue la primera persona que acompañó a Margot a hacer recopilación e investigación a localidades rurales. Mientras Margot aprendía canciones Cristina recogía versos, leyendas cuentos y toda tradición oral. En estas leyendas Cristina Miranda encuentra inspiración en la letra de la refalosa El diablito de Talamí, la que luego Margot musicalizó.

Entre las grandes amistades que han trascendido el tiempo podemos recordar a Silvia Santander, quién fuera su primera alumna de piano.

Elia Saldía era la directora de la Escuela de Música de la Universidad Católica de Valparaíso, cuando Margot comenzó a trabajar como académica en esa casa de estudios. Además, fue quien dio las facilidades para formar el grupo folclórico en esa universidad, convirtiéndose en una defensora de la metodología del estudio y la enseñanza de la cultura tradicional en las universidades, que Margot Loyola ya había ido desarrollando.

El vínculo que Margot tuvo con las cantoras de rodeo desde los años 50 fue Isabel Fuentes. Eximia cantora de rodeo y arpista, creadora del grupo Las Morenitas, Chabelita Fuentes participó en muchas de las grabaciones realizadas por Margot, tanto como instrumentista así como voz, y fue una de sus amigas entrañables.

Luisa Barrientos, destacada alumna de Concepción, fue quien inició el movimiento de creación de conjuntos folclóricos en la zona y una de las primeras que comenzó a hacer trabajo de campo, extendiendo las investigaciones de Margot en la zona de Concepción.

Cristina Álvarez, quien fuera docente de la Universidad de Chile, es quien apoyó a Margot en sus escritos, dándole una asesoría técnico-musical y apoyo profesional.

La diseñadora del Ballet Nacional Chileno Irma Valencia, diseñó mucho del vestuario que usó Margot en los escenarios. Mujer ligada a los escenarios, también manejaba los aspectos técnicos en los espectáculos de Margot, especialmente de iluminación escénica.

Su compromiso social. A Margot desde siempre le preocupó la problemática social. Ya las Hermanas Loyola en la década de los 40, declaraban en los medios de prensa que “de las guitarras sacaría pan para los mineros de Sewell”.

El compromiso político y social de Margot no era casual. Aunque nunca fue militante del Partido Comunista, desde muy joven tenía una estrecha relación con esta colectividad.

La visita que realizaron en Pisagua a los relegados políticos por el gobierno de Gabriel González Videla, llevó a que las autoridades de la época cancelaran una gira por el norte del país.

El poeta Luis Polanco publicó el poema Canto alegre dedicado a Margot Loyola por su visita fraternal al campo de concentración de Pisagua.

Compuso dos temas llamados Dolor del indio y Triste minero. Estos temas de contenido social hicieron que el poeta cubano Nicolás Guillén, declarara, al regresar a su país, que “el canto con contenido social de las hermanas Loyola es digno de admiración y compromiso”.

Las primeras canciones de contenido social mantuvieron los parámetros estilísticos de la canción tradicional, parámetros de los cuales se desligó el canto de protesta de los años 60, dando paso a una expresión más rica en el aspecto melódico y armónico, tomando una identidad más bien urbana.

Margot Loyola tuvo contacto y amistad con gran parte de los personajes de la historia política y cultural de Chile, durante el siglo XX, algunos de los cuales podemos mencionar a Isidora Aguirre, Luis Advis, Sonia Montecinos, Alejandro Jodorowsky, Ana González, Pedro Olmos, Francisco Mesa Seco, Ema Haus, Pedro Aguirre Cerda, Eduardo Frei Montalva, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet.

En el año 1955 Pablo Neruda, quien venía de vuelta del exilio, invitó a Margot Loyola, junto con Roberto Parada y María Maluenda para participar en un recital en el teatro Municipal de Viña de Mar, en donde Margot interpretó temas de distintas áreas culturales del Chile. Y en esta oportunidad Neruda le entregó los textos de las Cuecas a Manuel Rodriguez: Vida, Pasión y Muerte, que Margot las musicaliza y las canta por primera vez en este recital.

En septiembre de 1946 Margot y Elías Laferte (senador del Partido Comunista), aparecían en las portadas de los diarios, bailando una cueca en la finalización de los comicios presidenciales que apoyaron la candidatura de González Videla.

Junto con su hermana Estela, participó activamente en la campaña presidencial de Gabriel González Videla, el cual en agradecimiento a Margot y a petición de esta, le promete reintegrar a profesores que habían sido despedidos por no apoyar su candidatura, algunos de los cuales, después de la Ley Maldita, Margot los encuentra como presos políticos en Pisagua.

En 1952 se produjo el primer encuentro entre una Margot Loyola conocida por su labor de intérprete y docente, y una Violeta Parra que comenzaba su carrera como solista. En este casual encuentro Margot vio en Violeta el talento de una creadora genuina, por lo que buscó la oportunidad de presentarla y abrirle espacios como se testimonia en este archivo:

Margot Loyola, la conocida folclorista, acompañó a Violeta Parra hasta nuestra redacción, recomendándola fervorosamente como compositora, cantante e intérprete de la cueca campesina _En Violeta hay un valor que tiene que ser reconocido_ nos aseguró Margot con entusiasmo. Como letrista y compositora, es excepcional, encuadrando sus composiciones dentro de los moldes folclóricos […] Tiene alrededor de treinta composiciones, que sólo ahora Margot Loyola le está escribiendo, pues Violeta no sabe música (Ecran, 22 de diciembre de 1953).

Margot participó desinteresadamente en las campañas presidenciales de Salvador Allende, lo cual hace que se establezca entre ambos y la familia de una relación de amistad. Salvador Allende envió a Margot junto a su conjunto a una gira a Ecuador, gestión realizada por Oswaldo Guayasamin.

Pedro Aguirre Cerda, Las hermanas Loyola sintieron una gran admiración por su labor, especialmente en el campo de la educación, participaron en forma activa en su campaña y en eventos culturales durante su mandato.

Victor Jara, incorporó en su primer disco como solista, una tonada llamada “La flor que anda de mano en mano” y que le fuera entregada a Margot por la señora Francisca González, en Niblito.

La relación de Margot con Víctor Jara comenzó a fines de la década de 1950, y se afianzó en la gira que ambos realizaron a la URSS en 1961, ocasión en que Víctor Jara viajó como director artístico del Grupo Cuncumén.

LOS MAESTROS DEL PUEBLO

Yo quiero seguir con mi guitarra y mi voz, el pañuelo al viento, quiero seguir con mis caminos … no quiero dejar Chile

Los informantes y cultores más importantes en el trabajo de investigación. En 1967 Margot tomó contacto en la ciudad de Arica con los cultores Marcelo Larva y Alfredo Zegarra, del pueblo de Belén. Ambos eran cantores de la sabiduría de los pueblos del altiplano. De ellos aprendió los grandes ritos, cantos y danzas del ciclo agropastoril tales como el Pachallampe, el Floreamiento de ganado, entre otras manifestaciones.

Dentro de la zona conoció a Félix Vargas, gran quenista y conocedor de los bailes devocionales para el Niño Dios y Nuestra Señora del Carmen de la Tirana.

En Iquique conoció a Rogelia Pérez (Caporala de Las Cuyacas), Aniceto Palza (creador del baile de Pieles Rojas) y los hermanos Mir (baile Morenos de Cavancha), bailarines de La Tirana, quienes le entregaron todo su conocimiento sobre las danzas ceremoniales. En tanto con Rogelia Pérez Margot mantuvo una amistad de más de 50 años.

En Pica y Matilla sus maestros más importantes fueron Enrique Luza y su prima Reneé Luza, Nelly Cayo, Estela Santos, Regina Bejarano y Rogelio Loayza, quienes tuvieron una labor preponderante en el estudio que Margot hizo sobre el Cachimbo. De la misma zona es Ángela Ceballos, quién le enseñó a Margot bellísimas cuecas.

La tarapaqueña Gladys Albarracín, a quien Margot denominó como “La Reina del Cachimbo”, es la gran sostenedora de las tradiciones del pueblo de Tarapacá, especialmente de la Fiesta de San Lorenzo.

En la zona de San Pedro Silvia y Aída Coca, depositarias de la cultura Likan Antai, le enseñaron a Margot el tesoro que son las coplas de carnaval, las danzas devocionales y los ritos relacionados con el agua, la muerte y la vida en general. Por su parte, Norberto Tejerino, Honorio Carral y Alejandro González, compartió con Margot cantos precolombinos en lengua kunza.

Las “cantaciones”, así llamaban a dos hermanas, esposas de pescadores en la ciudad de Antofagasta. Ellas eran buenas cantoras y cocineras del saber y del sabor del Chile de esa zona.

En el Norte Chico, Margot tuvo grandes maestras: doña Hilda Silva del Tambo, cantora; Rogelio Ramos, bailarín de los Chinos; Pascuala Henríquez de Illapel, cantora de cuecas y tonadas; don Julio Donoso de Petorca y don Carmelo de Quilimarí, cantores y músicos en la devoción de la Virgen de Palo Colorado y Nuestra Señora de la Merced.

En Valparaíso, el poeta popular Leucotón Devia le entregó a Margot versos de la tradición, los cuales mantenía en su memoria de toda su vida. A partir de las letras entregadas por Leucotón Devia, Margot compuso la tonada-pregón Los melones y Güen dar con la refalosa.

El gran maestro cuequero Hernán Nuñez, quien formara junto a Luis Araneda (El Baucha), Raúl Lizama (El Perico) y Carlos Navarro (El Pollito), el grupo Los Chileneros, se relacionó con Margot Loyola, uniéndolos la pasión y el gusto por la cueca urbana. Es Hernán “Nano” Nuñez quien compone la cueca La Soberana en honor a Margot.

En la Región Metropolitana, de Pomaire fue importante Purísima Martínez, cantora e ilustre arpista, quien le entregó a Margot Loyola una cantidad innumerable de cuecas y tonadas entre las que se cuentan; Papelito artificioso, Contigo son los agravios, Amor variable, entre otros.

Fresia Vergara, también de Santiago, cantaba temas saloneros de principios del siglo XX, fue quien educó a Margot en el estilo musical de esos rincones urbanos, llamados “salones de medio pelo”

En la zona de O’Higgins Josefina Ibarra (Codegua), Margarita Cubillos (San Fernando), Zulema Llanca (Rinconada de Manantiales), Mercedes Clavijo (Las Palmas de Cocalán), María y Francisca Severino (Quinahue), cantoras, tejedoras y bailarinas de la tradición quienes, gracias al trabajo realizado junto a Margot Loyola, posibilitaron el rescate de cantos y danzas ya perdidos en el tiempo. Tal es el caso de La Cardita, El Balambito, La Porteña, El Callaíto.

Maria Concepción Toledo, de Rari, fue una de las cultoras más queridas por Margot Loyola, y mantuvieron una amistad que perduró hasta la muerte de María Concepción. Magnífica tejedora de crin, era poseedora de cantos y danzas de antigua data, que pudieron ser preservados gracias al traspaso a Margot, producto de la amistad entre ambas.

En su natal Linares, Margot se contactó con Edelmira Valenzuela, cantora de un registro prodigioso y magnífica arpista, quien entregó a Margot gran parte de su caudal musical siendo las más importantes, la tonada Si del cielo bajaran los ángeles y la cueca En Talca tengo una rosa.

En la misma ciudad de Linares, Arturo Aguilar, le enseñó unas bellas serenatas cantadas en un estilo operático, estas serenatas poseían un estilo de canto que lucían técnica vocal natural, similar al de Rosa Romero, de Coelemu.

La locera y cantora de Pilén, María Garrido, quién fue extraordinaria cantora del canto de montaña, cuya amistad con Margot permaneció por siempre. Una de sus creaciones de greda, una hermosa gallina negra, permaneció en la mesa de comedor de la casa de Margot hasta el año 2014, año en que fue entregada al Museo nacional de Historia Natural como parte de la colección que se formó en dicha institución y que lleva por nombre colección Loyola-Cadiz.

Honorinda Cariqueo, Blanquita y Ernestina Espinoza, cantoras de Mariscadero, de donde Margot aprendió los picarescos cantos de La Cachúngala y La Sapa, e innumerables valses y tonadas que enriquecieron su repertorio.

María y Eliana Pereira, de Cauquenes, fue un ejemplo de tenacidad ya que tocaba su guitarra a pesar de la falta de algunos de sus dedos. De ella Margot aprendió tres importantes canciones: Las Envidiosas, Las Castañas y El Caracolito Macario Moena, también de Cauquenes, artesano en telar y cantor criado en casa de niñas bonitas de donde aprendió un rico repertorio de cantos y danzas populares y tradicionales que entregó a Margot.

En Colbún, las hermanas Urtubia, que eran cuatro y cantaban como los dioses, que le enseñaron el secreto de las guitarras “casadas”, las cuales son dos guitarras que se afinan de distinta manera, las cuales tocadas juntas amplían la atmósfera sonora.

En la zona de Chillán, específicamente en Quinchamalí se contactó con María Marinao, cantora y locera la cual le entregó una interesante versión folklorizada del cuplé El Paletó.

Iris Arellano, de la zona de Cobquecura, le entregó y enseñó interesantes tonadas saloneras de la zona.

En Hualqui, gracias a Tomasa Flores, Margot hizo el rescate del baile y canto El Sombrerito, versión que actualmente es repertorio obligado en colegios y agrupaciones folklóricas.

En la Isla Grande de Chiloé, en Ancud se contactó con Leocadia Marín la que le entregó a Margot antiguos cantos y danzas de origen hispánico, tales como cantos al Niño Dios y el aire de fandango De tu ventana a la mía.

José Daniel Bahamonde (Coché Molina) y Sara Ulloa, depositarios de gran parte de los cantos y danzas aprendidos por Margot en la Isla, quienes le enseñaron importantes manifestaciones coreográficas tales como: Pericona, Chocolate, Rin y una versión de Costillar.

En Mocopulli, Silvestre Bahamonde, enseñó versiones de baile de; Pericona, Chocolate y el Baile del Trintrin y unos cantos de faena llamados salomas, de un claro origen español.

Clorinda Gallardo, de Curaco de Vélez, le enseñó un versión de seguidilla. Margarita Diaz, de San Juan enseñó otra versión de Rin, La Nave o Busca tu vida.

Adela Díaz, de Puacura, enseñó innumerables romances y nuevas versiones de danzas ya estudiadas por Margot, tales como Pericona, Cielito, Pavo y una interesante versión de cueca valseada.

Domitila y Lucinda Diaz Guerrero, también de la misma localidad, enseñó a Margot versiones de romances, cantos de origen español, trisagios, salve (canto religioso) y una nueva versión de costillar.

En Castro, Carmen Diarce, quién le entregó cantos de los salones de Chiloé y una interesante versión de un Triste, que es una forma melódica relacionada con antiguos cantos de señoritos de los salones peruanos, titulado Ayer libre y hoy cautiva, que se convirtió en uno de los temas representativos del repertorio de Margot.

La poco conocida cultura de la Patagonia la aprendió a través del eximio acordeonista de Coyhaique, Segundo Oria y Miguel Peña (apodado Trovero Sur), los cuales formaban el dúo Los Pioneros, quienes junto a Carlos Bello (apodado El Malebo) llevan a Margot a fiestas en donde ve en su contexto los cantos y las danzas como valses, chamamés, polkas entre otros.

Las recopilaciones entregadas por los cultores y que marcaron un hito en el trabajo de investigación y artístico de Margot, los podemos encontrar de todas las áreas culturales de Chile.

Dentro de las manifestaciones que cobran relevancia en el rescate y difusión del patrimonio tradicional, sin duda está el de los pueblos originarios. Entre estos podemos destacar la canción de machi y cantos ceremoniales Mapuche. La tritonía atacameña, canto de origen precolombino y que es compartido con países limítrofes.

Algunos de los cantos ancestrales de Rapa nui, los cuales Margot dio a conocer en el continente, al igual que los cantos modernos; como el sau sau y el tamuré que cuando los estudió, estos eran bailes populares en la isla.

Danza como el cachimbo, que luego de su profundo análisis y estudio, Margot logró que se revitalizara en la Zona de Tarapacá, gozando actualmente de mucha popularidad.

La tonada en la zona del Maule fue revitalizada y reconocida a partir del trabajo de terreno realizado y la generación de encuentros con cultoras en escenarios de la región, produciéndose el reconocimiento de la comunidad a las sostenedoras del oficio de cantoras.

Los cantos y danzas de la hasta entonces desconocida región de la Patagonia, fue dada a conocer, por Margot, a comienzo de los años 90, haciéndolo a través de Grupo Palomar, a quienes le entrega el rico material estudiado.

EN LA ACADEMIA

Me alegra que la cantora me llame cantora y me gusta que los intelectuales me cuenten entre sus filas. Creo que es una especie de milagro.

Formación en las Academias La intención de la madre de Margot Loyola, era que esta fuera pianista. Es así como con Florita Guerra preparó su primer ciclo de piano y luego la presenta ante Rosita Renard en el Conservatorio Nacional de Música.

Luego entró al conservatorio vespertino donde estudió con los profesores Alberto Spikin, Flora Guerra y con Elisa Gayán, completando siete años de estudio. Sus compositores favoritos eran Haydn, Mozart y Chopin.

La soprano Blanca Hauser fue su gran maestra. La gran wagneriana del cono sur de América, quien ayudó a Margot con una técnica vocal única, que le permitió, usar su voz para el canto, hasta muy avanzada edad. Otro de sus maestros de canto que le ayudaron a perfeccionar su técnica vocal fue José Quilapi.

El vinculo de Margot con grandes académicos. Alfred Metraux, antropólogo y etnólogo suizo, que desarrolló una interesante labor de rescate de la cultura Rapa Nui.

Pastora Imperio, gran cupletera que le enseñó el manejo del abanico y el mantón de manila en Madrid, en donde Margot acudía a su “tablao”, donde Pastora Imperio presentaba su espectáculo.

Porfirio Vasquez y sus hijos, junto a los Hermanos Avilés, grandes jaranistas del Perú.

Rosa Alarco, destacada académica de la Universidad de San Marco de Lima, con la cual realizó un importante intercambio de metodología en el estudio de la danza tradicional, viendo Rosa Alarco, en la metodología de Margot, la importancia del estudio de la Marinera en Perú.

Delia Zapata Olivella, la gran folklorista colombiana, estudiosa de la afrocultura.

Amparo Ochoa, intérprete mexicana, con quien trabajó viendo la relación de Chile con México, a través del baile la chilena en la zona de Guerrero.

Pablo Garrido, el gran estudioso y maestro de la Universidad de Chile, es quien orientó a Margot en las transcripciones musicales de la música vernácula. Así como también de la observación de las danzas tradicionales pero del punto de vista antropológico.

Maria Luisa Sepúlveda, compositora y pedagoga chilena, quien entregó a Margot parte del material estudiado por ella en terreno y que fue grabado por las Hermanas Loyola y posteriormente por Margot tales como una versión de El Cuando, el Chiguaiguey, la tonada Te quise ya no te quiero, entre otras.

Amanda Labarca, Directora y pedagoga en las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile.

Malucha Solari, la gran bailarina de la danza en Chile, con quien Margot trabajó un sistema de anotación para los bailes tradicionales.

Josafat Roel Pineda, antropólogo peruano, quien la orientó en el estudio del Huayno en la zona del Cusco.

Carolina Robertson, profesora titular de etnomusicología de la University of Maryland, EE.UU. admiradora del método de trabajo en terreno de Margot.

Rodolfo Reyes, el gran etnocoreógrafo mexicano, fundador y creador del Ballet Folclórico Nacional (BAFONA), quien guió los pasos de Margot en la búsqueda de la chilena en su país.

Hasta la farmacia que la madre de Margot tenía en la calle Santos Dumont, en Santiago, llegó un día Don Carlos Isamitt con Don Carlos Lavín, especialmente a oír cantar a las Hermanas Loyola. Ese fue el trampolín para comenzar a trabajar con los académicos chilenos los cuales comenzaron a enseñar y a orientar el trabajo hasta ese momento realizado. En esta entrada al Instituto de Investigaciones de Folklore Musical de la Universidad de Chile, Margot se vinculó además con Pablo Garrido, Eugenio Pereira Salas, entre otros.

Luis Advis, el importante compositor de la Cantata de Santa Maria, interpretada por el Grupo Quilapayún, tuvo una relación musical y de amistad con Margot Loyola, Luis Advis se identificó con el trabajo que la folklorista realizaba. Es así como participó en la elaboración de dos de los mejores discos que Margot grabó; Canciones del 900 y Siempre Margot.

Carlos Vega Investigador argentino y gran conocedor de las tradiciones chilenas, se conoce con Margot cuando esta viajó a Buenos Aires en 1951. Con fama de ser un hombre terco y frio, sin embargo, como conocedor de las manifestaciones chilenas, Margot logró conmoverlo.

Carlos Vega había hecho muchas grabaciones y fotografías de músicos campesinos en Chile. En especial a Margot le llamó la atención antiguas fotografías de acordeonistas en Chiloé, cosa que se desconocía.

Junto a Carlos Vega, Margot realizó un trabajo de investigación de la danza, Sombrerito, que llevaba más de 60 años perdida. Margot encontró a una campesina en Hualqui (cerca de Concepción) que recordaba el canto y la danza de dicho baile, antecedentes que luego Margot le entregó a Carlos Vega.

A pesar que el argentino Antonio Barceló enseñaba danzas argentinas en academia, y ante la observación que Margot hace de lo uniformado que bailaban sus alumnos, este le contestó que era imposible de introducir los rasgos del carácter de una danza en un ambiente extraño. Con esta respuesta Margot reafirmó la importancia del contexto en una manifestación tradicional.

Sin embargo, la enseñanza que Antonio Barceló realizó a Margot no fue estereotipada, sino que le entregó múltiples elementos de la danza argentina, destacando el estilo individual y de todo lo que él había observado en terreno.

Entre Fidel Sepúlveda y Margot Loyola, hubo una gran amistad a través de la cual compartían y tenían iguales posiciones frente a la diversidad de la cultura tradicional chilena. En muchas de las Escuelas de temporada de la Universidad Católica, organizadas por Fidel Sepulveda, Margot participó como maestra.

Leda Valladares, de la cual Margot ya sabía desde que formaban el dúo Leda y María (con María Elena Walsch) y sabía de su importante trabajo de recopilación, entre los cuales había dos temas recopilados en Humahuaca, norte de Argentina, que posteriormente grabó Victor Jara (La cocinerita y las obreras).

Recién en el año 1985 se conocieron con Margot al venir Leda Valladares a dar unos recitales a la Universidad Austral. De esa amistad nació un importante trabajo de grabación llamado Igual Rumbo.

Ercilia Moreno académica argentina, fue la que introdujo el concepto en Chile de conjunto de proyección folklórica. Vivió tres años en nuestro país y realizó una serie de trabajos para la Universidad de Chile. Acompañó a Margot en los comienzos del estudio del Cachimbo, en la Provincia de Tarapacá, orientando y corrigiendo los escritos sobre este tema.

Las unieron una gran amistad en lo personal como en lo profesional, llegando a realizar en conjunto trabajos de investigación en terreno en donde Ercilia Moreno ha observado la metodología de trabajo de Margot y su marido Osvaldo Cádiz. Ercilia ha sido una académica muy importante, en los escritos de Margot, puesto que guió algunos de los últimos libros de investigación, haciendo el prólogo del libro de La Tonada.

Uno de los Maestros importantes en la carrera de Margot fue el uruguayo Lauro Ayestarán, quién la guió en sus primeros escritos, el cual fue editado en ruso, en la Ex Unión Soviética. También le dio las referencias para que Margot comenzara a desarrollar su importante trabajo de investigación, titulado El cuplé y su folklorización en Chile.

En el año 1952 Margot viajó a Perú a establecer comparaciones entre la refalosa y cueca chilena, con la refalosa y marinera peruana. Después de haber estudiado dichos bailes en una academia, se atrevió a ir a una jarana en Lima. En dicho lugar se encontraba Porfirio Vásquez para el cual Margot canta y baila lo aprendido en la academia limeña. Porfirio Vasquez fue lapidario haciéndole ver las fallas de academia que tenia. Margot estudió por dos meses con el patriarca de la música negra entendiendo lo riesgoso del estudio de las manifestaciones tradicionales fuera de su medio.

A través del antropólogo peruano José Maria Arguedas, Margot conoció el sufrimiento de los pueblos indígenas americanos. De José Maria Arguedas aprendió la autenticidad de las manifestaciones tradicionales puestas sobre el escenario, la diferencia entre quién lo hace por vida del que lo hace sin alma. El antropólogo, impresionado por la forma en que Margot estudiaba la marinera, escribió un artículo que provocó algunas molestias, pues dicho artículo destacaba la importancia del estudio de las manifestaciones desde la metodología de la folklorista chilena.

Sus comienzos y su labor como académica. Margot Loyola realizó su trabajo como académica por algo más de cuatro décadas, luego de trabajar por catorce años en la Universidad de Chile, en el año 1972 comenzó su labor docente en la Universidad Católica de Valparaíso, oferta que le hizo Don Fernando Rosas y Don Carlos Miró.

En esta casa de estudios dictó la cátedra de folklore para Educación Musical, Licenciatura en ciencias y artes musicales y Educación física. También dictaba un curso general de danza tradicional para todos los alumnos de la Universidad, curso que fue la base para la formación del Conjunto Folklórico de la Universidad.

Margot Loyola siempre tuvo presente que la corriente que primaba en la Escuela de Música era la composición, es por eso que su interés principal fue aportar a los alumnos con formación y material que contribuyera a una línea de composición con carácter nacional. Su planteamiento siempre fue que el compositor chileno debe conocer sus propias raíces musicales.

Durante diez años dictó sus cátedras en las escuelas de temporada organizadas por el Departamento de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, además de realizar charlas y clases magistrales en distintas universidades del país.

Resultante de sus investigaciones. Sin duda que el producto principal del trabajo de investigación de Margot Loyola está en las innumerables grabaciones discográficas que realizó en distintos países a lo largo de su carrera.

Pero las publicaciones no estuvieron exentas de dicha producción. Siendo rigurosa en sus escritos, escribió cinco importantes libros los cuales son: Bailes de tierra en Chile; El cachimbo; danza tarapaqueña de pueblos y quebradas; La tonada, testimonio para el futuro y La Cueca, danza de la vida y de la muerte, y 50 danzas populares y tradicionales de Chile. Sin contar innumerables artículos que escribió para distintas revistas entre las que podemos contar la Revista Musical Chilena de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Su primera publicación fue un artículo escrito en el año 1968 titulado; Danzas criollas tradicionales de Chile. Cultura. Chile. Moscú: Editorial Ciencias, Academia de Ciencias de la URSS, Instituto Latinoamericano, Instituto Etnográfico N.N Miklujo-Maklaia.

LAS ESCUELAS DE TEMPORADA

Hay muchas cosas que hacer en este mundo. La vida es como una ráfaga, tan corta. Yo digo que podríamos haber vivido siquiera unos quinientos años para poder haber hecho algo.

Su labor en las escuelas de temporada de la Universidad de Chile. Durante la finalización de la primera mitad del siglo XX, se instaló en la sociedad una ideología progresista que dio mayor importancia a las políticas de Estado, en especial las sociales. Mejoró el acceso a la cultura y se abrieron nuevos espacios de participación.

Uno de estos espacios fueron las actividades de extensión de la Universidad de Chile, marco en que tomó fuerza el estudio y enseñanza del folklore musical y coreográfico, en especial a través de las Escuelas de temporada iniciadas en 1936.

En el año 1944 la Universidad de Chile tomó contacto con las Hermanas Loyola, para incluirlas como intérpretes en la grabación de la antología discográfica Aires Tradicionales y folklóricos de Chile.

De esta actividad, surgió la relación entre el cuerpo académico y las Hermanas Loyola, especialmente entre Margot y el compositor y musicólogo Carlos Isamitt, el que le entregó repertorio mapuche recogido en trabajos de campo.

En agosto de 1946, las Hermanas Loyola realizaron su primer concierto didáctico y documental de la música tradicional chilena. Tres años después Margot inició su carrera como docente y proyectándose como la gran maestra de Chile, al ser llamada para participar en las Escuelas de Temporada, asumiendo la docencia con cursos prácticos en la enseñanza de las expresiones folklóricas cantadas y bailadas conocidas hasta esa época.

Los cursos, dictados por todo el país, eran muy numerosos y poco el tiempo de presentación de lo aprendido, por lo que surgió la idea de hacer las presentaciones masivamente, todos tocando a la vez y cantando en coro.

De estos cursos, dictados principalmente a profesores normalistas, surgieron importantes intérpretes e investigadores de la cultura tradicional chilena.

SU LEGADO

Siempre estudiando, recibiendo en mi casa a la juventud de mi país que está muy bien inspirada en todo lo nuestro, lo que fue, lo que es y lo que será.

De maestros y estudiosos que han salido de la escuela de Margot Loyola, sin duda que el más importante es quién se convirtió en su avanzado discípulo y posteriormente en su marido, el profesor Osvaldo Cádiz Valenzuela, quién desde comienzos de los años 60, comenzó a recorrer caminos con la folklorista.

La metodología de estudio de la cultura tradicional y de la proyección de esta sobre el escenario, propuesto por Margot, tiene muchos seguidores a lo largo de todo el país y algunos en el extranjero. Entre ellos podemos destacar a: Manuel Mamani y Patricio Barrios (Arica), Rosa Córdova (Iquique), Juan Villablanca (Calama), Teresa Gachón (La Serena), Agustín Ruiz (Valparaíso), Leticia Lizama (Santiago), José Maria Ortiz (Graneros), José Antonio Rivas (Concepción), Julio Mariangel (Valdivia), Omar Maldonado (Ancud), Mario Isidro Moreno (Punta Arenas), Marcelo y Enrique Alcoba (Argentina), todos ellos importantes estudiosos e intérpretes de la cultura tradicional.

La escuela de proyección de cultura tradicional en los escenarios fomentada por Margot. El paradigma que perfiló Margot Loyola, a fines de 1940, renovó en los escenarios el planteamiento estético y también ético, que hasta esa época se daba, con la idea de romper con la irrealidad de un Chile bucólico, y libre de conflictos, imagen que se representaba en la primera mitad del siglo XX a través del sainete criollo, teatro costumbrista y radios.

Uno de los primeros grupos que aprendieron directamente de Margot Loyola fue el Grupo Cuncumén. Nacido de las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile, esta agrupación ha marcado una línea de trabajo y presentación en el escenario de las manifestaciones tradicionales, que se ha convertido en un sello y en una norma para las presentaciones de algunos grupos folklóricos en el escenario.

Tierra y Canto fue un dúo de mujeres que nacieron del Conjunto Folklórico Margot Loyola, actualmente Palomar. Desarrollaron una fructífera labor, especialmente en registros fonográficos.

Conjunto folklórico formado en el año 1974 bajo el alero de la Escuela de Música de la Universidad Católica de Valparaíso, permitió a Margot formar muchos alumnos, que siendo alumnos de dicha casa de estudios, participaron como bailarines o músicos teniendo una formación integral en la enseñanza de las manifestaciones tradicionales.

Las del Puerto, agrupación femenina, nacida y formada en sus comienzos por Margot Loyola, integrantes del Conjunto Folklórico de la Pontifica Universidad Católica de Valparaíso. Continúan hasta el día de hoy desarrollando una interesante labor en recitales y registro fonográficos donde destaca la música de tradición oral del país.

Grupo Palomar es una de las agrupaciones folklóricas más antiguas de nuestro país. Cambia su nombre en el año 1974 de Conjunto Margot Loyola a Palomar, tomando las primeras letras del nombre de la folklorista MARgot LOyola PAlacios, manteniendo el vinculo de escuela Loyola-Cádiz y el trabajo escénico exclusivo con el material investigados por sus Directores, hasta el día de hoy.

INTERPRETE DE LA CULTURA TRADICIONAL

Amanezco cantando. Yo sueño cantando. Tengo todas mis melodías dentro de mí y las siento en cada momento. Todo va dentro, junto con los paisajes, todo eso está en mí.

Participación en programas de radio y de televisión. Su labor como intérprete y estudiosa, la llevaron a participar en innumerables programas de televisión. Es así como participó en la primera emisión de señal de televisión realizada en Chile.

En 1972, tuvo un programa que producía y conducía en Televisión Nacional: Recorriendo Chile. En donde presentaba destacados grupos como los Estudiantes Rítmicos, Las Cuatro Huasas, Charo Cofré, Hugo Arévalo, Grupos de Mapuche, de Rapa Nui, entre otras agrupaciones y artistas.

En el canal 5 de la Universidad Católica de Valparaíso, mantuvo por años ciclos de programas: Canto y Tradición, Danza y Tradición, Recorriendo Chile, Bailes de Tierra, etc. Estos últimos acompañada por el profesor Osvaldo Cádiz en la conducción.

Grabaciones realizadas. Iniciada la década del 40, época en que el repertorio de las hermanas Loyola estaba formado por canciones populares y tradicionales, Margot junto a su hermana Estela grabaron para el sello VICTOR, su primer registro, un single con dos tonadas: Moliendo maíz (de Cristina Miranda) y Las trenzas de mi huasa (de Manuel Aranda).

A comienzos de 1950, época en que las Hermanas Loyola se separaron, Margot siguió su carrera como solista y artista de RCA. Sus estudios le dieron la posibilidad de incluir repertorio no considerado en la interpretación de la música tradicional, como son los cantos Mapuche y Rapa Nui. El trabajo en antiguas partituras amplió aún más su repertorio incluyendo canciones de cupleteras y las cantadas en “salones de medio pelo”.

Con un repertorio ya definido y en su primera gira a Europa, Margot grabó para RCA dos discos en Francia y uno en España, además de una pequeña participación en una película de mimos, dirigida por Alejandro Jodorovsky, titulada La corbata, en Paris.

Grabó también dos discos para Mezhdunarodnaya Kniga, en la ex Unión Soviética y un disco para Electrorecord en Rumania.

En la década de los 60 se hizo una parte importante de su producción discográfica, realizada en el sello RCA.

Por el año 1972 en DICAP, grabó Canciones del 900, una producción con música de Luis Advis. En esta producción, Margot mostró una faceta poco conocida como es la interpretación de la música popular. Otras producciones vinieron años posteriores entre ellas cuatro long play y un single que grabó en el sello POLYDOR.

Desde el año 1979 los discos fueron reemplazados por el casete y de sus producciones anteriores muchas fueron reeditadas en este soporte. Los sellos RCA y POLYDOR vendieron sus derechos y matrices mientras que sellos como ALERCE; RAICES STAR SOUND y OKEH siguieron con la distribución y producción de Margot Loyola, destacando Voces del Maule, producido por el sello ALERCE.

Ya entrada la década de 1990 y en el nuevo soporte de disco compacto, se volvió a reeditar sus antiguas grabaciones, sin embargo con SONY MUSIC grabó su álbum Siempre Margot, siendo la última producción que realizara un sello discográfico.

Años posteriores y ante la falta de interés de los sellos, comenzó a realizar producciones particulares las cuales dieron como resultado dos importantes álbum llamados Legado musical inédito de un Premio Nacional de Arte y Otras voces en mi voz.

Margot Loyola vivió los grandes cambios tecnológicos del siglo XX, Especialmente en lo que se refiere a los estudios de grabación y la forma de grabar. Desde la época que los músicos grababan junto al cantante, todos presentes, hasta ahora que se graba por pistas, la intérprete dijo que el sonido que sale actualmente de los estudios de grabación es “un sonido sin alma”.

Gracias a su depurada técnica vocal, que logró a través de clases sistemáticas, apoyada en su gran capacidad y talento de observación de las técnicas empíricas observadas a las cantoras y teniendo la claridad que las técnicas académicas aprendidas, las usaba al servicio de la interpretación del canto tradicional, le permitió poder grabar en estudio hasta los 85 años de edad.

La representación del pueblo en el escenario. Algunas cantoras populares, como fueron la Petronila Basaure del dúo Las Petorquinas, Elena Carrasco, las Hermanas Orellana, Las Caracolito o Las Patitas de Quirihue, fueron algunas de las que inspiraron la interpretación de Margot Loyola de las cuales aprendió no solo repertorio sino que también la estética y el compromiso con el canto tradicional.

Sin duda una de las cantoras que influyó en Margot, fue Petronila Orellana, del Dúo Las Hermanas Orellana, las cuales tocaban arpa y guitarra. Margot y la Peta, pasaban tardes enteras en casa de esta última, cantando. La Peta Orellana tenía su casa en Pila del Ganso lugar donde también tenía una casa de canto hasta donde llegaba Don Pablo Garrido y otros intelectuales de la época.

Para Margot Loyola la proyección de las manifestaciones tradicionales, era lograr revivir sobre los escenarios la emoción y el saber que los cultores/maestros le entregaron y que el paisaje es fundamental en la reinterpretación de estas manifestaciones

En la proyección e interpretación del pueblo sobre los escenarios se debe conjugar lo ético y lo estético. Lo estético ya que una manifestación tradicional se somete a las leyes escénicas y lo ético puesto que hay manifestaciones que son privativas, profundas e intimas, para lo cual la proyección se debe plantear en el cómo y qué presentar sobre el escenario.

POR EL MUNDO

Tierras y mares, recorridos en kilómetros y millas durante toda mi vida, no lograron jamás poder zafarme de una permanente nostalgia y soledad de mi tierra y mis gentes, durante mis andanzas por el mundo.

Primeros viajes fuera de Chile, buscando nuevos horizontes (Argentina, Perú) A comienzos de los años 50, Margot cruzó la cordillera, en tren hasta Argentina. Gracias a la Cónsul de Chile, Marta Brunet, se le abrieron las puertas en Buenos Aires, deslumbrando a los grandes de la investigación de la cultura tradicional.

Antonio Barceló, creador de la Escuela Nacional de Folklore de Argentina, le entregó su sistema de enseñanza de las danzas tradicionales.

El Investigador Carlos Vega, conocedor de la cultura chilena, se refirió a ella como “Siglos de sentir chileno se concentran en su voz y en su intenso danzar; extraño entusiasmo la enciende, y su dramática animación engendra encantamiento.”

Con la paga de dos Escuelas de Temporada, en 1952 realizó su primer viaje a Perú, iniciando sus estudios de La Marinera con el jaranista Porfirio Vasquez.

El investigador peruano José María Arguedas, la orientó en el conocimiento de las manifestaciones de los pueblos originarios de la serranía. Compartió con ellos bailando y aprendiendo sus manifestaciones.

Recorrió el Cuzco, especialmente estudiando el huayno, junto al antropólogo Joel Josafat Pineda, el cual hablaba la lengua de los cuzqueños, entrevistándose con sus habitantes, comenzó a aprender y a conocer el dolor de los pueblos originarios de América.

En el año 1959 volvió a Argentina y Uruguay. En Buenos Aires fue presentada en Radio Splendid como la primera folklorista de Chile. Inmensos carteles anunciaban su nombre, teniendo un gran éxito y reconocimiento lo cual hizo que le renovaran el contrato por un mes más.

En Montevideo también audiciona en la Radio Nacional y en la Televisión.

En esta visita conoció a la folklorista Amalia de la Vega con la cual intercambió repertorio. Al eminente musicólogo Lauro Ayestarán el cual orientó a Margot en su trabajo de investigación, siendo lo más importante la orientación dada en el estudio del cuplet y su folklorización en Chile.

De vuelta de su viaje a EEUU en 1972, e invirtiendo lo ganado en dicho viaje, hizo una larga escala en Perú con el fin de acercarse a la marinera y a los orígenes del cachimbo. Es así como recorrió las regiones entre Trujillo y Chiclayo.

Se contactó con Rosa Alarco, catedrática de la Universidad de San Marcos, con quien revisa partituras y antecedentes coreográficos e históricos de la marinera.

Conoció a Nicomedes Santa Cruz, decimista y poeta que junto a su hermana creo el famoso Perú Negro, grupo que difundió en los escenarios las manifestaciones tradicionales del hombre de color costino.

El mismo año 1972 viajó con el grupo Margot Loyola (actual Palomar) a Ecuador. Invitados por el pintor Oswaldo Guayasamín, el cual era Director de la Casa de la Cultura en Quito, se presentaron en el Teatro Municipal y en la plaza del Pueblo.

Sin embargo sus mejores recuerdos eran del trabajo realizado en Otavalo por la acogida y amabilidad de sus habitantes, quienes no tuvieron problema en esperarla tres horas en el teatro, debido a la demora del grupo por la dificultad de los caminos.

En viajes posteriores ya fue en su calidad de gran investigadora e intérprete de las manifestaciones de la cultura tradicional. Es así como representó a nuestro país en un Simposio de la Danza Tradicional de América Latina y el Caribe convocado por UNESCO realizado en Uruguay (1983). El objetivo de dicho encuentro era analizar el grado de vigencia o deterioro en que se encontraba la danza vernácula en su fuente de origen.

En esa oportunidad Margot, junto a su marido Osvaldo, hablaron y mostraron la influencia de la cumbia en la música y la danza ceremonial en el Norte Grande chileno y de la labor de los grupos folclóricos.

A Argentina viajó en los años 1986 y 1988, también invitada como estudiosa e intérprete, viajó con su marido, invitados por la escuela Nacional de la Danza María Roanova y la Universidad Católica para desarrollar una intensa labor docente y de divulgación. En esta oportunidad impactó por la metodología de estudio y puesta en escena de la danza tradicional sobre los escenarios.

En 1988 fue invitada a las Cuartas Jornadas Musicales Argentinas organizadas por el Instituto Nacional de Musicología, Carlos Vega.

Durante cinco días especialistas americanos expusieron sus trabajos que contemplaban temas sobre la música docta, popular, folklórica y aborigen. Como clausura Margot, mostró en el escenario el proceso de folclorización en Chile del cuplet hispánico.

A pesar de la participación de Margot en este tipo de encuentros, siempre fue crítica de alguno de ellos, en los cuales “el hombre-portador, parece estar ausente y donde a veces se pierde tiempo en debates de materias que no son tan primordiales, mientras las comunidades se desangran y nadie levanta la voz en su defensa.

Cruzando el gran charco (Francia, España URSS, Polonia, Rumania. Checoslovaquia) En el año 1956 Margot cruzó el Atlántico en 17 días de zarandeada navegación, llegando a París, Francia, con sólo unas cartas de presentación y unos dólares.

Desafió a Paris con tonadas, cantos mapuches y rapanui, destacando un recital que dio para catedráticos y estudiantes en La Sorbonne, en donde fue presentada por el etnólogo Alfred Metraux.

La prensa de Paris dijo de sus presentaciones: Le monde latin “Hace algunos años Atahualpa Yupanqui nos sorprendió, con sus canciones del folklore argentino, tan diferentes de aquellas que estábamos acostumbrados a escuchar. Hoy es Margot Loyola que de una voz dúctil y con aguda musicalidad y emoción, nos ha permitido descubrir y sentir toda la gracia ingenua y picaresca de una música surgida de los pueblos chilenos.”

France soir. “Una bella joven morena, vestida con trajes típicos de diversas regiones de su país, evoca el folklore chileno, acompañándose de un tambor liviano o sacando de su guitarra ritmos endiablados, ha sabido evocar con arte natural, una voz de timbre cálido y una ciencia auténtica, todos los aspectos de una música que conocemos aquí más bien bajo su aspecto comercial, porque Margot Loyola no es cantactriz, ni una bailarina. Ella ejerce el severo oficio de etnógrafa y musicóloga que ha conducido a investigaciones sobre la música de América Latina.”

En España dio recitales por el norte, en Asturias y recorrió distintas ciudades de ese país, permaneciendo seis meses cantando y estudiando.

Los recitales más importantes que dio en España, fueron los hechos en el Instituto de Cultura Hispánica y Conservatorio Nacional de Música, considerando sus mayores triunfos las audiciones en la Televisión.

Durante su viaje y habiendo llegado 1957, y venciendo su temor a los aviones, Margot viajó de España a la ex Unión Soviética en donde, gracias a la gestión del violinista Leonid Kogan que la había escuchado en Santiago de Chile, realizó dieciséis de los dieciocho conciertos que tenía programados.

Esta gira de dos años por Europa, culminó visitando países como Polonia, Rumania y Checoslovaquia. Países en los cuales tuvo un gran éxito. Para obtener estos contratos, siempre tuvo que audicionar ante comisiones integradas por músicos.

La prensa dijo de sus presentaciones:

Glos Wybrzeza, Gdañsk “La artista representa un tipo excepcional de intérprete del folklore, pues ella misma lo recoje y une su trabajo científico y de estudio con la divulgación… En primer plano ha sobresalido la autenticidad exótica de las canciones interpretadas por la cantante. Los medios de ejecución limitados exactamente, sujetos a la disciplina artística más rigurosa y unidos al inteligente aprovechamiento de los valores vocales, han dado un cuadro real del folklore chileno y han permitido sentir con facilidad el tema y la letra de las canciones tan diferentes de las nuestras” (Varsovia, septiembre 1957).

Fueron muy expresivas sus interpretaciones de las canciones araucanas que las acompaña con el kultrún, instrumento de percusión… Hemos viajado con Margot Loyola por las regiones de su patria y nos hemos encariñado con su gente y canciones” (Bucarest, octubre 1957)

Ya una consagrada Margot Loyola, fue contratada por la empresa comercial Via Mundi, que la llevó nuevamente a Europa en el año 1961, programándole ochenta recitales en cuarenta ciudades de cuatro países.

La gira finaliza en Moscú, lugar donde le solicitan que grabe un long play. Este trabajo realizado en estos estudios de la Ex Unión Soviética con cinco profesionales (un cantante, un guitarrista, un metrónomo, un intérprete y un actor), es la metodología de registro más rigurosa que Margot tuvo oportunidad de conocer y, a opinión de expertos, es el mejor testimonio de las capacidades y talento de la folklorista.

La colonia chilena residente en San Francisco y Los Ángeles en Estados Unidos, la invitaron en el año 1972 a pasar un 18 de septiembre. En dicho lugar dictó, en algunas universidades, unas charlas ilustradas con las manifestaciones musicales más representativas del cancionero chileno. Esto logró interesar a académicos y alumnos, los que le propusieron quedarse en EEUU dando clases, a lo que Margot se negó, regresando al cono sur, quedándose una temporada en Perú.

El anhelo de Chile en tierras ajenas. Estando en Paris, ya por seis meses, comenzaba el anhelo de la Patria. Es así como en el Rio Sena reflejaba los ríos chilenos, descubriendo la musicalidad de palabras como Tinguiririca, Maule, Cachapoal, Melipilla, Chuchoca.

En este “echar de menos”, Margot se encerraba horas a escribir largas cartas que la vinculaban con sus seres queridos y sus maestros como Doña Blanca Hauser y Carlos Isamitt.

En otras oportunidades, anhelando las comidas de Chile, estando en una de sus giras por la ex Unión Soviética, solicitó ingredientes para preparar una cazuela de gallina a la chilena la cual fue un fracaso total, tenía otro sabor… a palabras de ella “tal vez le faltó el perejil”. O estando en París solicitó cochayuyo para preparar comida chilena, jamás un cochayuyo chileno había volado tan alto y costado tan caro.

EL RECONOCIMIENTO

Yo no quise nunca tocar el cielo, jamás; quise siempre estar cerquita de la tierra, con los pies bien puestos, sintiéndome un poco campesina, un poco maestra, un poco cantora.

Menciones honorificas en universidades y academias. Fue nombrada Doctor Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Doctor Honoris Causa de la Universidad Arturo Prat, en Iquique. Le fue entregada la Medalla Abate Juan Ignacio Molina, por la Universidad de Talca.

Algunos premios que ha recibido a través de su vida. En Chile recibió premios tales como: A lo chileno; Hija Ilustre de: Linares, Valparaíso, Codegua, Navidad, Pica.

En tres oportunidades se le entregó el Premio APES,; Laurel de Oro, en dos oportunidades. Premio Altazor. En total, cerca de doscientos reconocimientos, premios, medallas, etc.

Durante la época de la dictadura cívico militar de 1973 Margot se preocupó de presos políticos que logró sacar del país, entre ellos algunos folkloristas. Esta acción, entre otras realizadas, conlleva que en el año 1981 se le otorgue el premio SERPAJ (Servicio, Paz y Justicia) recibiendo la distinción de Monseñor Oscar Romero.

Premios en el extranjero. Durante toda su larga y fecunda carrera como intérprete, investigadora y maestra, recibió innumerables premios, entre los que destacamos: La Cruz del Gran Comendador, entregada en Colombia y Cien Mujeres, en Argentina.

Premio Nacional de Arte 1994. Margot Loyola, en septiembre de 1994 fue distinguida con el máximo galardón dado en nuestro país, el Premio Nacional de Arte, mención música, siendo la primera mujer que recibe este reconocimiento en este campo, así como también primera vez que el arte popular es reconocido en tan alto sitial.

El Premio Nacional de Arte, entregado a Margot Loyola sin duda tuvo una repercusión para la música y la identidad chilena. Innumerables fueron los homenajes que se le realizaron a lo largo y ancho del país, pues a palabras de Margot “Con este premio hemos ganado alegría para mucha gente […] hemos ganado credibilidad y reconocimiento de gente que no valoraba nuestra labor”.

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