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Anuncio Estrategia Nacional de Salud

Discurso Estrategia Nacional de Salud

Palabras de S.E. el Presidente de la República, Sebastián Piñera, en lanzamiento de Estrategia Nacional de Salud 2011 – 2020

Santiago, 7 de diciembre de 2011

Muy buenos días:

Hoy es un día especial, porque con la salud tenemos una paradoja. Por una parte, uno mira las estadísticas, las cifras de nuestro país, y son muy buenas, en términos de expectativas de vida, de mortalidad materno-infantil, tenemos cifras que son comparables a los países más desarrollados del mundo.

Sin embargo, cuando uno ve la otra cara de la medalla, que fue la que describió el ministro de Salud, uno se da cuenta que tenemos que cambiar el rumbo y hacer las cosas de manera distinta, si no queremos ir gradualmente transformándonos en un país cada día más viejo y más enfermo.

Y lo que queremos es justo lo contrario: un país más joven y más sano.

Con respecto a la juventud, afortunadamente no es solamente lo que indica el carnet de identidad. Alguien dijo “los años arrugan la piel; sólo la pérdida de los ideales arruga el alma”. Y, por tanto, podemos seguir siendo jóvenes de espíritu, a pesar que los años se vayan acumulando en nuestro carnet de identidad.

Pero en materia de salud tenemos un desafío gigantesco, porque el cuadro, el diagnóstico, el punto de partida no es bueno.

Por eso, yo quiero partir por agradecer y felicitar al ministro de Salud, Jaime Mañalich, y a los más de 500 expertos y profesionales de la salud, tanto chilenos como extranjeros, que trabajaron con dedicación, con vocación, con compromiso, para elaborar este Plan Nacional de Salud, que es el que establece los objetivos sanitarios que como país nos ponemos para el resto de esta década.

Escuché con mucha atención las palabras del ministro, y por supuesto que comparto su preocupación, pero también comparto su entusiasmo.

El ministro dijo que la labor estaba cumplida, por la elaboración de este plan de trabajo, y después le encargó el cumplimiento de ese plan de trabajo a todo el resto de los ministros. La verdad que está cumplida a medias, ministro, como usted muy bien lo sabe: cumplió desde el punto de vista que tenemos un documento, un Plan Nacional de Salud que ha hecho un profundo diagnóstico de esta situación inicial, que se ha fijado metas grandes, ambiciosas, pero factibles, pero que además ha establecido los caminos que deberemos recorrer para cumplir estas metas.

Y, por tanto, hemos dado el primer paso de una larga caminata, porque en materia de salud esa caminata no termina nunca. Da la impresión que es una lucha permanente por ir conquistando para nuestros conciudadanos un mejor estado de salud. Y la salud y el amor son dos cosas fundamentales para poder ser felices en este mundo.

En consecuencia, dejamos el tema del amor a la libertad de las partes, pero asumimos nuestra responsabilidad en materia de proveer los mecanismos, las oportunidades y los instrumentos para dar un gran salto adelante hacia un país más sano.

¿Cuáles son las preocupaciones que tenemos?

Las describió muy bien el ministro de Salud, no las voy a repetir, pero sin duda el cuadro es preocupante, y debe no solamente preocuparnos, sino que también debe ocuparnos. No solamente conocer el diagnóstico, sino que también, tomar las acciones que nos van a permitir cambiar ese diagnóstico.

Al fin y al cabo, de eso se trata gobernar. Cuando uno gobierna, uno parte de una base que es el país que recibe, se propone una meta, que es el país que quiere entregar y trabaja ardua e intensamente para recorrer ese camino.

Con respecto al cansancio, los ministros y los subsecretarios saben muy bien que fueron convocados a trabajar, y a trabajar muy intensamente. Y, por tanto, en esto no hay sorpresa. Sin duda que el cansancio, y a veces el temor, son parte de la vida. No les pedimos a los ministros que no se cansen ni que no sientan a veces temor por los tremendos desafíos que debemos enfrentar. Solamente les pedimos que tengan esa fortaleza interior para superar el cansancio, superar el temor y entregar lo mejor de sí mismos para cumplir con esta gran tarea.

Y esto es particularmente cierto y particularmente relevante en el terreno de la salud.

El 21 de mayo del año pasado planteamos que necesitábamos un Plan de Salud para fijar la carta de navegación de esta década. Y ese Plan hoy día lo tenemos, y es un buen Plan, bien basado en la realidad y con buenas acciones para cambiar esa realidad para mejor y alcanzar las metas que nos hemos fijado para el milenio.

Este Plan de Salud viene a reemplazar un plan que está terminando, que es el Plan Nacional de la Salud para la década que acaba de terminar. Y lo cierto que en la década pasada, a pesar de que en materia de gasto público triplicamos el gasto en salud, pasamos de 3 mil a más de 9 mil millones de dólares, lo cual representa un 16% del gasto público, una cifra muy significativa. Junto a educación y junto a seguridad y previsión, prácticamente concentran el corazón del presupuesto.

Pero lo cierto es que a pesar de este aumento en el gasto y a pesar de los muchos logros que se consiguieron, todavía nos queda mucho camino por recorrer y no estamos contentos y, por tanto, queremos reaccionar frente a la situación de salud que hoy día enfrentamos como país.

El ministro ya lo dijo, que muchas de las metas que se fijaron para la década pasada simplemente no se cumplieron. Por ejemplo, la mortalidad materna, se mantuvo muy por encima de la meta. El embarazo adolescente. No pudimos eliminar la tuberculosis, la cual sigue siendo alta en nuestro país. Las enfermedades siquiátricas y la mortalidad por suicidio se están incrementando en forma alarmante. Los accidentes del tránsito, que afectan principalmente a nuestros jóvenes. El consumo de alcohol, de tabaco y de droga, lejos de disminuir, sigue aumentando.

Y, por lo tanto, tenemos que darnos cuenta que llegó el momento de reaccionar. Las señales, las advertencias están aquí a la vista de todos nosotros. Lo que falta, y lo que va a decidir esta batalla si somos capaces de no solamente mirar esas señales con fatalismo, sino que asumir nuestra responsabilidad con decisión y cambiar el curso de la historia en materia de salud en nuestro país.

Por esa razón, el punto de partida no es bueno, o no es tan bueno como hubiéramos querido. Y, por lo tanto, a pesar de que se han logrado muchas cosas, y no desconocemos los logros del pasado, vamos a tener que hacer las cosas mucho mejor en el futuro, si queremos cumplir las metas que nos hemos fijado para esta década, segunda década del siglo XXI.

Y, por lo tanto, la preocupación del ministro, además de la preocupación que creo en cierta forma compartimos todos los chilenos cuando vemos nuestros indicadores, cuando vemos que en nuestro país el sedentarismo es la práctica que convive con cuatro de cada cinco chilenos, cuando vemos el exceso de enfermedades que pueden ser detectadas a tiempo, o incluso evitadas a tiempo, con mejores hábitos y normas de vida, como la hipertensión, como la diabetes, como la obesidad, nos damos cuenta que sí podemos cambiar la historia y que depende de nosotros.

Y por eso nos hemos impuesto una tarea que es muy, muy desafiante, pero al mismo tiempo muy estimulante y que simplemente no podemos perder.

Pero además, vamos a seguir enfrentando dificultades. Si el problema no es pretender pasar por esta vida sin enfrentar dificultades. Lo importante es ser capaz de asumir nuestros desafíos y superar esas dificultades. Y vamos a enfrentar dificultades adicionales. Por ejemplo, el envejecimiento progresivo de nuestra población, por menor natalidad y por mayor expectativa de vida, impone desafíos gigantescos. Ya no se trata de enfermedades de una población joven, que son curables, sino que muchas veces vamos a tener que asumir enfermedades de una población de más edad, que muchas veces no son curables, solamente son tratables, que son enfermedades crónicas.

Por otra parte, también es cierto que está cambiando el perfil epidemiológico en nuestro país. Y eso también significa nuevos desafíos.

Y la aparición de estas enfermedades crónicas, está ya significando una tremenda exigencia y desafío para nuestro sector de salud y también una sobredemanda de los servicios que nuestro sector de Salud puede prestar.

Por eso este Plan no es solamente una declaración de buenas intenciones, es, y quiero que esto quede meridianamente claro, una política de Estado con la cual nuestro Gobierno está cien por ciento comprometido.

El Plan, que va a estar publicado en las páginas WEB del Gobierno, que es muy extenso, como ustedes lo vieron, consta de 9 objetivos genéricos, pero 50 metas concretas de corto plazo, de mediano plazo y de largo plazo, para cada una de las cuales hay un plan de acción, es decir, qué vamos a hacer para lograr esas metas. No nos vamos a sentar a la vera del camino a ver cómo las cosas pasan, sino que vamos a tomar el liderazgo para hacer que las cosas pasen.

Y eso es muy importante, porque es de la esencia de este Plan de Salud.

No vamos a entrar en detalle de lo que son estos objetivos básicos y estas metas concretas, pero sí quisiera plantear que este informe va a estar a disposición de todas las personas que tengan que tomar decisiones en materia de políticas públicas, para que sepan que ahí está nuestra carta de navegación y, por supuesto, va a estar a disposición de todas las personas que, no desde el Gobierno, pero de distintas instituciones de la sociedad civil, tienen que ser parte de este programa.

En esta materia, hace un tiempo Gonzalo Vial, cuando se refería al Chile de comienzos del siglo pasado, nos definía como un país de muertos. Y tenía razón, porque en esa época los índices sanitarios de nuestro país eran simplemente deplorables. La esperanza de vida al nacer apenas alcanzaba a los 28 años, y era una de las más bajas de nuestro continente. Hoy día es una de las más altas de nuestro continente.

Además de eso, había enfermedades crónicas que causaban tremendos daños y mortalidad en nuestro país, como la tuberculosis, el tifus, y muchas otras más que significaban la muerte de decenas de miles de niños y jóvenes. La mortalidad materno-infantil era extraordinariamente alta.

Fue eso lo que llevó, el año 1924, al Presidente Arturo Alessandri, a crear lo que llamó el Ministerio de la Higiene, la Asistencia, el Trabajo y la Previsión Social, y que se encargó de las políticas públicas en materia de salud, con un enorme énfasis en la formación de médicos y en la construcción de una infraestructura de salud.

A partir de eso, la situación sanitaria de nuestro país empezó a mejorar sustancialmente.

Fue sólo, en todo caso, el año 45 cuando las autoridades se dieron cuenta que tanto o más importante que curar las enfermedades, era prevenirlas. Y de ahí empezaron a enfocar todo el esfuerzo en prevenir esas enfermedades, creando una infraestructura básica, como el agua potable, los sistemas de alcantarillado, estableciendo vertederos regulados para la disposición de la basura, estableciendo la fluorización del agua, la vacunación masiva, la entrega de desayunos y almuerzos a los niños en los colegios y en las parroquias, en esos tiempos enfrentábamos un problema de desnutrición.

Y eso hizo un segundo gran salto adelante en materia de salud en nuestro país. A partir de entonces, la mejoría fue notable en prácticamente todos los índices sanitarios. La expectativa de vida aumentó el doble en un par de décadas, pudimos prácticamente erradicar enfermedades como el sarampión, el tifus, el cólera, la fiebre amarilla, por nombrar solamente algunas, y a fines del siglo habíamos reducido la mortalidad materno-infantil a niveles comparables con los países desarrollados. ¿Qué lecciones podemos sacar de esta experiencia? Sin duda, muchas.

La primera es que tanto o más importante que tener los medios materiales y humanos para curar las enfermedades, es contar con políticas efectivas para prevenirlas. Siempre, en toda la vida, pero particularmente en el campo de la salud, siempre es mejor prevenir que curar.

La segunda lección es que la política sanitaria, para ser eficaz, no puede ser sólo responsabilidad del Ministerio de Salud. Tiene en esto que involucrarse activamente muchos otros Ministerios, muchos organismos públicos, pero particularmente la sociedad civil.

Y por eso hoy día están presentes, en este lanzamiento de nuestra estrategia de salud, los ministros que tienen una especial responsabilidad en la implementación de este Plan en sus distintas carteras.

Pero hay una tercera lección, que cada día se hace más importante, y que es el rol que cada persona debe jugar como principal guardián y responsable de su propia salud. Y por eso decimos que no hay nadie que sea mejor médico de uno mismo, que la propia persona, porque es la que tiene más interés, porque es la que mejor conoce su estado de salud, porque es la que tiene más instrumentos para cambiar ese estado de salud.

Y desde ese punto de vista, hemos puesto un énfasis muy importante en ayudar a los ciudadanos a ser sus propios médicos y ser los principales guardianes de su propia salud.

El Auge preventivo apunta exactamente a eso, a crear los instrumentos y los medios, la información, la educación y el compromiso para que cada uno asuma su propia responsabilidad con su propia salud, cambiando sus hábitos de vida hacia una vida más sana.

Y estamos estudiando con el Ministerio de Salud establecer una especie de Simce de Salud, no va a ser necesariamente a nivel escolar, es posible que lo hagamos para toda la población, que es encontrar un mecanismo sencillo, que nos permita a cada persona conocer los principios o los términos básicos de su estado de salud. Y estamos pensando en que pueda conocer exactamente la relación altura-peso, para ver su nivel de obesidad, poder medir la tensión arterial, poder medir el azúcar en la sangre, y otros indicadores que son indicadores fundamentales para que la propia persona lo conozca y que esa información se remita inmediatamente a los sistemas de salud que también participan como co-responsables en la salud de esa persona y empezar a detectar a tiempo, prevenir a tiempo y cambiar los hábitos de conducta, porque yo estoy convencido que sin eso esta batalla nunca la vamos a poder ganar del todo.

Finalmente, en materia de política de prevención. Necesitamos desarrollar una cultura de vida sana, que apunta no solamente a lo que son los ejes del Plan Elige Vivir Sano, que son ejes positivos, sino que también tiene que apuntar a tomar conciencia del daño que causa a la salud el consumo, y especialmente el consumo excesivo de tabaco, de alcohol y, por supuesto, de droga.

Por eso estamos impulsando una fuerte campaña, que ustedes la han visto en los medios de comunicación, en contra de estos tres males, que son males que provocan estragos en la salud de nuestra población: el tabaquismo, el alcoholismo y la droga.

Pero además de eso, estamos impulsando con mucha fuerza el Plan Elige Vivir Sano, que le ha tocado la responsabilidad a la Primera Dama de conducir, y al cual ella se va a referir en algunos momentos más, que tiene cuatro pilares, positivos los cuatro: Una mejor alimentación, practicar más deporte, compartir más con la familia y aprovechar más nuestro maravilloso medioambiente.

Y el Plan de Salud que nosotros planteamos para el país, se plantea metas muy concretas en muchas áreas que no las voy a mencionar, pero que son las áreas donde más nos aprieta el zapato, porque al fin y al cabo tenemos que fijarnos metas e ir midiendo permanentemente cómo se van cumpliendo esas metas. Y éstas tienen que ver con las áreas verdes, las redes de agua potable y de tratamiento de aguas servidas. Y quiero anunciar que en unos pocos días más vamos a lograr por primera vez que el cien por ciento de las aguas servidas en nuestra ciudad de Santiago, y en muchas otras ciudades de Chile, van a ser tratadas y, en consecuencia, no vertidas en su estado natural al cauce del Río Mapocho. Y eso significa un enorme avance, que lo obtenemos por primera vez, después de más de 200 años de vida independiente.

Pero además de eso, estamos preocupados de los temas de los accidentes laborales, las enfermedades laborales, que son causantes de mucha discapacidad, la exposición que estamos enfrentando permanentemente a la contaminación ambiental y al Sol, y particularmente este año, en que tenemos una reducción significativa en la capa de ozono, lo cual hace al Sol un elemento aún más peligroso, del cual sí tenemos que cuidarnos, los accidentes del tránsito, las enfermedades, la violencia intrafamiliar, los femicidios y los factores derivados de emergencias naturales y epidemias, que sin duda nos han afectado y nos van a seguir afectando.

Y todo esto va acompañado, y es parte del Plan, de una importante inversión en la investigación científica y tecnológica, adecuada a la realidad de nuestro país, de forma tal de poder usar todo el conocimiento, la ciencia, la tecnología, en favor de esta causa de hacer de Chile un país de mujeres y hombres sanos.

En materia de control de enfermedades, hay también metas muy específicas en cuanto a enfermedades que están haciéndose cada día más frecuentes en nuestro país.

Y, por otra parte, una preocupación central de este Plan es facilitar y establecer un acceso más equitativo a la salud. Y desde este punto de vista, hay un conjunto de metas que tienen que ver con facilitar el acceso, facilitar el financiamiento, que pasan por la construcción de mucha nueva infraestructura hospitalaria, vamos a construir más de 30 hospitales, de acuerdo a este Plan, 150 centros de atención primaria, especialmente en aquellas comunas más apartadas y que hoy día carecen de ellos, y facilitar el acceso, no solamente a la atención de salud, sino que también a los medicamentos y la tecnología médica.

Por último, el Plan plantea la disminución en los grados de insatisfacción que experimentan los usuarios con respecto al acceso a la salud. Y desde ese punto de vista, yo creo que el término de las listas de espera Auge, que muchos creyeron que era una meta imposible, pero que se logró, y a veces llama la atención que haya algunos que simplemente no resisten las buenas noticias, y en lugar de producir alegría que hayamos logrado como país, porque esto fue un esfuerzo de muchos y de todos, haber terminado con las listas de espera Auge, piensan que eso es algo que los irrita, o que les reduce su nivel de bienestar.

Yo creo que en esta materia tenemos que aprender a compartir las buenas noticias, alegrarnos de las buenas noticias, porque la vida es muy dura, y a veces uno requiere buenas noticias para redoblar la motivación y el esfuerzo de seguir avanzando.

Finalmente, ésta es una responsabilidad, como dijo el ministro, que va mucho más allá del Ministerio de Salud y que compromete a muchos ministerios y que compromete profundamente a la sociedad civil.

Y por eso están presentes hoy día los ministros y los subsecretarios de todas las carteras que tienen una responsabilidad especial en el cumplimiento de esta tarea.

Y este Plan, por supuesto, va a requerir coordinación y va a requerir mediciones. Vamos a ir siguiendo permanentemente el grado de avance y no vamos a esperar hasta el fin de la década para preguntarnos entonces cuánto cumplimos y cuánto no cumplimos. Vamos a ir monitoreando el Plan en forma permanente, porque es la mejor forma de corregir los errores, recuperar los desvíos y avanzar a pie firme hacia el logro de esa tarea.

Y en esta tarea de coordinación, el Ministerio de Desarrollo Social va a tener una labor muy importante, junto, por supuesto, al liderazgo y la conducción del Ministerio de Salud, porque si bien el ministro de Salud ha comprometido al resto de los ministros, eso no reduce en un ápice su propia responsabilidad, señor ministro, de ser el que lidera y conduce este Plan hacia los éxitos que todos queremos en este campo.

Quisiera, al terminar, decir que la salud es un poco como el aire: cuando la tenemos, no la echamos de menos, pero cuando no la tenemos, la añoramos con una fuerza y una intensidad.

Y lo que tenemos que hacer, en consecuencia, es anticiparnos a esa situación.

Por eso yo quiero convocar a todas las chilenas y los chilenos, que asumamos un compromiso, no sólo con nuestra propia salud, de transformarnos en los principales responsables y guardianes de nuestra propia salud, para lo cual van a tener en el Gobierno un aliado permanente, leal y comprometido, sino que también a preocuparnos también de la salud de quienes nos rodean. Muchas veces somos nosotros los mejores para prevenir y cambiar conducta de los que viven cerca de nosotros, nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros seres queridos, nuestros compañeros de trabajo, y hacer de cada chileno un verdadero profesor en esta campaña por cambiar la cultura y los hábitos de vida para que Chile sea un país con una vida más sana, porque esa vida más sana, yo estoy seguro, también conduce hacia una vida más feliz.

Muchas gracias.