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Política y principios

Ministro Chadwick

En una columna titulada “Política y principios”, Luis Larraín, director ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo, afirma, entre otras cosas, que los principios de la centroderecha son en primer lugar la libertad y responsabilidad individual y dos políticas públicas inevitables: el Estado limitado en sus atribuciones y los impuestos bajos. Poniendo en duda si el Gobierno es consecuente con ellos.

Sin duda que la libertad individual y su correspondiente responsabilidad personal están en el corazón de los principios de la centroderecha. Pero lo están para la construcción del bien común, que, respetando éstos, es mucho más amplio y exigente aún: Crear un orden social que posibilite a todas y a cada una de las personas alcanzar su mayor bien individual posible. Aquí radica el origen de la autoridad y la verdadera “carta de navegación”.

Nos preguntamos: ¿Esto puede significar que en virtud del bien común la libertad pueda ser regulada? ¿Que se exija no abusar ni tampoco discriminar arbitrariamente cuando se tiene una posición de poder? ¿Que se puedan establecer políticas públicas para favorecer a los más desposeídos? ¿Que se puedan exigir aportes económicos de quienes tienen más recursos para contribuir a las necesidades del bien común?

Así es. La autoridad, fundada en los principios más esenciales de la centroderecha, está exigida por el respeto a la dignidad y trascendencia de cada ser humano, y en el ejercicio del poder, debe atender a la construcción del bien común pensando siempre en el bienestar de todas y cada una de las personas, aspirando a una sociedad de respeto no sólo por la libertad, sino que también por valores tan fundamentales como la dignidad e igualdad esencial de cada ser humano.

Sin duda que el tamaño del Estado debe ser estrictamente el necesario, para que con fuerza permita la construcción del bien común y dejando los mayores espacios de libertad posibles para las personas. Y los tributos, que son un instrumento económico, para armonizar el necesario incentivo para crecer y los indispensables para el financiamiento de necesidades públicas. ¿Lo más bajos posibles? No, los más justos y equilibrados para alcanzar la armonía anterior, ni más ni menos.

El gobierno del Presidente Piñera ha actuado con absoluta consistencia con estos principios. Como nunca se ha valorado la libertad de emprendimiento y ahí están las cifras de crecimiento. Y la mejor de todas, como consecuencia de éstas, las cifras de desempleo. Junto a ello, como el Presidente lo ha señalado, sin duda que la ley debe ser aplicada por las instituciones correspondientes a quienes la transgredan, ya sea afectando la libre competencia o cometiendo abusos o delitos. ¿Acaso alguien piensa que la economía social de mercado es sin transparencia, competencia e igualdad ante la ley?

En materia tributaria, los cambios anunciados por el Presidente apuntan al aumento de impuestos a las empresas para fortalecer el financiamiento de la reforma educacional y, al mismo tiempo, establecer beneficios tributarios para incentivar el emprendimiento, inversión y pymes. Respetando las distintas visiones, creo que es una gran exageración señalar que esta reforma atentaría contra los “principios”: Mantener los impuestos que el año anterior no fueron obstáculo para que el país creciera a más del 6% y, al mismo tiempo, bajar aquellos que afectan a las personas y pymes. ¿Atenta contra los principios? Todo ello para fortalecer la educación y fomentar el emprendimiento.

Y, finalmente, la eterna “campaña de la inseguridad”. Estamos abandonando nuestros principios. Pregunto: cuáles, dónde, por qué. ¿Ha faltado libertad? ¿Espacios para emprender e innovar? ¿Dificultades para invertir? ¿Se ha afectado la libertad de enseñanza? ¿No se ha crecido como país? ¿No se han podido crear empleos? ¿No existe rigor fiscal? ¿No se ha fomentado la responsabilidad individual? Y además se agrega: se actúa por las “encuestas”. Qué injusto, por defender la libertad de enseñanza, principio básico de nuestro ideario, soportamos las mayores movilizaciones sociales y bajas de adhesión el año pasado.

¿Qué ocurre? Molestia, porque se aplique el principio de igualdad ante la ley, no lo puedo creer. Molestia, porque se quieran evitar abusos y discriminaciones arbitrarias, no lo puedo creer. Molestia, porque se piensa que existe un clima antiempresario por lo anterior, no lo puedo creer. ¿Qué empresario de verdad quiere abusar o faltar a la ley o no se da cuenta de que el respeto por ello es una exigencia mínima para que el sistema económico sea valorado hoy? ¿Molestia, porque se diga que se pretende disminuir las brechas de desigualdades? Queda la impresión de que esto sería lo que más molesta; decir, exactamente lo que la esencia de nuestros principios nos exige: construir una sociedad donde todos y cada uno alcancen su mayor bien individual y espiritual posible, con pleno respeto por su libertad y también por su dignidad y trascendencia como ser humano. Un desarrollo integral. Con crecimiento, empleo y oportunidades para todos. Con libertad, mayores igualdades y sin pobreza. Así me lo enseñó quien cita Luis Larraín: Jaime Guzmán E. Y así lo está construyendo el Presidente Piñera. Con nuestros principios e ideas.

Columna publicada en El Mercurio

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