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Luces y sombras de Davos

Los lugareños dicen que hace muchos años que no caía tanta nieve en Davos. El pequeño pueblo en los Alpes suizos, donde se realiza la cumbre mundial del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), ofrece no sólo un aire puro de montaña, sino un espectáculo único y diáfano con sus pinos, calles y edificios blancos. Pero esa belleza natural no se refleja en el ambiente de los debates ni aparece aclarar las opiniones de los conspicuos líderes internacionales, políticos, empresarios, académicos, sociales y financieros, que llegan desde todos los rincones del planeta para tomarle el pulso a la economía mundial y a las perspectivas de desarrollo.

Sin duda, el panorama en esta versión es especialmente confuso: los más ven sombras especialmente en Europa los menos ven luces. Unos están optimistas por los mercados emergentes y -algo menos- por Estados Unidos: otros están pesimistas por los efectos de Europa en el crecimiento y el empleo. Ambos grupos tienen su cuota de razón. Sin embargo, todos parecen coincidir en pedir más acción, más audacia a las autoridades económicas y políticas europeas. Y en cuidar los efectos de esta crisis en el empleo en los más vulnerables y en la economía mundial. Esto último no deja de llamar la atención para los chilenos, sobre todo cuando la última cifra de desempleo en el Gran Santiago fue de 6,2%, 1,7 punto menor a lo registrado en diciembre del año anterior.

Pero, volviendo a Davos, también hemos escuchado aquí críticas al capitalismo. Sin embargo, todavía nadie ha planteado una alternativa válida al modelo de economía de mercado. Todo modelo es susceptible de ser perfeccionado y ese es el gran desafío que tenemos.

En lo que respecta a la crisis de Europa, las soluciones económicas parecen ser  más claras que las políticas. El reciente tributo a las transacciones financieras propuesto por el Presidente francés, Nicolas Sarkozy, unido a las rigideces impuestas por la canciller alemana, Angela Merkel, por la extrema austeridad, recortes y reformas establecidas por ella a los gobiernos de la eurozona, han llevado al primer ministro inglés a declarar que se alegra de la decisión del Reino Unido de no adoptar el Euro y a decir que las medidas impuestas por la autoridad gala son “una locura” (madness), Además asegura que la cortina de fuego (firewall) que se pretende interponer en las principales economías del Viejo Continente para evitar su contagio no logrará el efecto deseado.

Así las cosas, las m iradas se vuelven hacia el Oriente y por ello, no es de extrañar la gran cantidad de líderes asiáticos que han estado este año en Davos escuchando, observando, analizando la coyuntura mundial, para ver dónde están las oportunidades en esta gran crisis.

Sin embargo, las miradas también están puestas en los mercados emergentes y, por cierto, en América Latina. Por ello, tampoco es de extrañar la nutrida delegación mexicana encabezada por su Presidente, Felipe Calderón, y su ministro de Finanzas, José Antonio Meade, que nos visitara en Chile en diciembre pasado. En este contexto, las autoridades de la región aquí presentes hemos llamado a unirnos y no esperar el liderazgo de Estados Unidos o el término de la ronda de Doha para profundizar nuestra integración comercial, atraer inversiones e impulsar más la alianza del Trans Pacific Partnership (TPP).

En esta área, no podemos olvidar las alianzas, también en el desarrollo de energías limpias y renovables que ha estado muy presente en la agenda y que constituye una oportunidad para el desarrollo  de un nuevo polo de crecimiento. Hemos interactuado intensamente con las autoridades mexicanas en la preparación de la reunión del G20, en que Chile participará por primera vez este año y que culmina con una reunión de jefes de Estado en ese país, a la que asistirá el Presidente de la República, Sebastián Piñera.

Roda esta discusión de Davos marca un fuerte contraste con la situación de la economía chilena, la que, a pesar de los problemas externos, continúa creciendo y creando empleo, aun con desaceleración. Por ello, debemos cuidar responsablemente lo que tenemos y nos preparamos para un escenario más adverso con un plan de contingencia en el que ya hemos tomado algunas medidas.

Lo hemos dicho antes. En esta crisis, América Latina es parte de la solución y no del problema; ahora, después de tres días en Davos, esto es más evidente que nunca…como la blanca nieve de los Alpes suizos.

Columna publicada en La Tercera

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