El valor del trabajo bien hecho
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) acaba de dar a conocer su Informe Económico sobre Chile. Esta es su principal publicación para países miembros y la primera sobre Chile desde que accediéramos en 2010 a esa organización. Se trata de una evaluación de la situación económica, identificando fortalezas y ámbitos de mejora a través de análisis comparados, así como de una serie de recomendaciones de políticas públicas.
Para entender el alcance de este informe, es preciso recordar que la OCDE reúne a las principales economías del globo y que Chile junto a México son las únicas latinoamericanas. Ser miembro de la OCDE es un reconocimiento al desempeño económico de nuestro país y a la calidad general de nuestras políticas públicas. Pero también significa que la vara de comparación a la que se somete Chile es alta. Para usar una analogía futbolística, se trata de jugar en la primera división mundial. Esto es muy bienvenido por cuanto nos obliga a redoblar esfuerzos para seguir por la senda del desarrollo, al tiempo que buscar converger a las mejores prácticas y estándares internacionales en materia de políticas públicas.
El informe tiene varios elementos positivos que conviene subrayar: el elevado crecimiento económico del país, el más alto dentro de los países de la OCDE durante 2011, y la importante reducción del desempleo. En materia fiscal, el organismo internacional da un potente espaldarazo a las mejoras que hemos introducido a la regla fiscal, considerándolas como una relevante contribución a la transparencia y a disminuir su discrecionalidad. Asimismo, valida las mejoras recientemente introducidas, tales como el tratamiento de cambios transitorios en impuestos (cambio que llevó a sincerar el déficit estructural de 2009 de un 1,2% a un 3% del PIB) y la futura creación de un Consejo Fiscal que valide los elementos centrales de la regla.
La OCDE también destaca la existencia de una cuidadosa regulación financiera que permite que Chile tenga un sistema financiero globalmente sano, con una reducida exposición al descalce cambiario o a activos riesgosos. Ello, señala el informe, contrasta con la delicada situación de la mayoría de los países de la OCDE en esta materia. Sin duda, todo ello es un activo valioso en los tiempos que corren. En esa línea, también considera y alienta la aprobación del proyecto de información comercial que nuestro Gobierno ingresó al Congreso por cuanto facilita el acceso al crédito y mejora el monitoreo de riesgos sistémicos.
Hasta aquí, podríamos decir -con justa razón- que es un reconocimiento a un trabajo bien hecho, a políticas de Estado implementadas en este Gobierno y los anteriores para consolidar temas de largo plazo.
Sin embargo, el citado informe también nos deja importantes desafíos asociados a mejorar la distribución del ingreso en Chile, particularmente comparado con los países desarrollados. Se valoran los avances en reducción de la pobreza, la creación del ingreso ético familiar, las mejoras en los resultados educacionales medidos por la prueba PISA, los mayores recursos comprometidos para educación o la reducción de la tasa del crédito universitario y un pago contingente al ingreso, pero se pone de relieve el gran desafío que tenemos por delante.
En esa línea, se apunta a los mejoramientos que debiéramos tener en nuestro sistema tributario; por ello, se nos insta a continuar disminuyendo la evasión (aspecto en que hemos tenido un importante progreso en los últimos dos años) y a cerrar loopholes (elusión) que permitan hacer más productiva y eficiente la recaudación. Estas recomendaciones están en línea con lo que nuestro Gobierno, a través del Ministerio de Hacienda, viene trabajando desde hace más de un año. En efecto, dentro de los lineamientos centrales de la propuesta tributaria que trabajamos figuran precisamente el aumentar la equidad horizontal del sistema, cerrar loopholes y mejorar la estructura de incentivos del sistema tributario.
No cabe duda de que pertenecer a la OCDE y ser sujeto de escrutinio es un gran desafío. Fuente de críticas, pero también de un reconocimiento a lo mucho que ha avanzado nuestro país. Algo que no debieran perder de vista quienes tienden a ver solamente el vaso medio vacío. Se trata, en definitiva, de un gran aliciente para seguir trabajando por Chile.
Columna publicada en El Mercurio

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