Frutos de la consecuencia en tiempos difíciles
En 2011 Chile no ha debido lamentar ninguna catástrofe comparable al terremoto y maremoto de febrero de 2010. Pero tampoco ha sido un año fácil. Numerosas manifestaciones ciudadanas expresaron la insatisfacción acumulada en un país que, aunque tuvo enormes progresos en las últimas décadas, fue reduciendo su ritmo de crecimiento y generación de empleo, mantuvo sin resolver problemas graves en educación, salud y seguridad pública, y no consiguió incrementar sus niveles de equidad, ni mantener la vitalidad de sus instituciones políticas.
En ese contexto, un Gobierno que apenas comenzaba a normalizar su andar luego del durísimo 2010, corría el riesgo de desviarse irremediablemente de su camino. Pero, aunque su accionar no ha estado exento de errores, consiguió mantener el rumbo que fijan sus convicciones.
Hacer realidad el anhelo ampliamente compartido de convertir a Chile en una sociedad de oportunidades para todos requiere avanzar simultáneamente en tres direcciones: 1) tener una economía competitiva, que crezca con fuerza, genere muchos empleos y deje amplio espacio al emprendimiento y la innovación; 2) construir una sociedad de seguridades, en que las desigualdades se reduzcan y los abusos de poder sean castigados, y 3) perfeccionar la democracia, de manera que los ciudadanos vuelvan a ver a sus instituciones políticas como una vía apropiada para hacer converger sus demandas en políticas públicas dirigidas al bien común.
Ninguna política social es sostenible sin un gasto público responsable; una inflación controlada; una carga tributaria equitativa, que no desincentive la inversión, el ahorro ni el trabajo, y un ambiente propicio para el emprendimiento. No hay mejor forma de reducir la desigualdad que la generación de empleo para los más vulnerables; la ayuda imprescindible para los que sufren la pobreza debe incentivar la superación en vez de generar dependencia; se protege mejor a los consumidores con mercados más competitivos y regulaciones claras, y la educación y la salud mejoran cuando el Estado, además de destinarles un financiamiento apropiado, gestiona mejor las instituciones a través de las cuales las provee y permite a los ciudadanos -cualquiera sea su nivel socio-económico- elegir entre éstas y prestadores privados sujetos a estándares de calidad y transparencia.
Los resultados de la fidelidad a esas convicciones comienzan a apreciarse. En 2011 la economía ha crecido en torno a un 6,2%, su mejor resultado en 14 años, fruto de un auténtico renacer del emprendimiento, un fuerte crecimiento de la inversión y el primer aumento de productividad desde 2006.
Ello ha provocado una fuerte generación de empleo, de modo que la proporción de chilenos en edad de trabajar que lo hacen ha llegado al máximo de nuestra historia, alcanzando en su última medición al 55,4%. Los nuevos empleos han beneficiado principalmente a mujeres y a los sectores más vulnerables. Esto ha reducido la brecha de los ingresos provenientes del trabajo entre los hogares del primer y el décimo decil; según la Encuesta de Empleo de la Universidad de Chile, en el Gran Santiago, de 20,7 veces en promedio entre 2000 y 2009 a 15,3 veces entre 2010 y 2011.
Se ha hecho un gasto público responsable, reduciendo el déficit estructural de 3% en 2009 a 1,6 en 2011, para llevarlo a 1% en 2014. Y, a la vez, se ha continuado con la reconstrucción, se eliminaron las listas de espera para enfermedades Auge, se amplió el posnatal a seis meses, se terminó con el descuento para salud del 7% para los jubilados más vulnerables, se puso en práctica el Ingreso Ético Familiar y se está haciendo un enorme esfuerzo para aumentar la cobertura de la educación preescolar, la calidad de la educación escolar y la equidad en el acceso a la educación superior.
Se ha perfeccionado la institucionalidad dirigida a la protección del consumidor con iniciativas como el Sernac financiero, al tiempo que se ha estimulado una mayor competencia con medidas como la portabilidad numérica y la agenda de impulso competitivo.
Se ha aprobado la inscripción automática y el voto voluntario, que incorporarán al padrón electoral a 4,5 millones de chilenos no inscritos, ampliándolo en un 55%.
Chile ha continuado paso a paso por una senda de progreso sostenible. Pero queda todavía una larga tarea por delante, que requiere del concurso de todos, especialmente cuando se vislumbra un 2012 también complicado, esta vez debido a un adverso escenario económico internacional.
Columna publicada en El Mercurio

Comentarios
Este espacio es para dejar comentarios sobre el artículo del blog. Si necesitas contactarte con el Presidente, puedes hacerlo aquí