Plan de contingencia, crisis externa y bonos soberanos
Italia acaba de emitir un bono soberano a cinco años a una tasa de 5,6%, la más alta en su historia de miembro de la eurozona. La semana pasada Chile emitió con éxito un bono a diez años a una tasa de 3,3%, por lejos la tasa más baja de nuestra historia y la más baja para cualquier emisor latinoamericano en la historia. ¿Quién podría haber predicho que Italia se endeudaría a casi el doble del costo de Chile y con una prima por riesgo tres veces mayor?
La pregunta ilustra dos elementos a destacar en la actual coyuntura. Primero, la fragilidad y deterioro evidente del escenario económico externo, principalmente de Europa pero también de Estados Unidos, con posibilidades reales de seguir empeorando. Segundo, el reconocimiento internacional a las fortalezas de Chile, particularmente al manejo económico y la política fiscal.
Pero Chile no está blindado. Lo hemos dicho muchas veces. Un agravamiento de la situación externa nos va a afectar. Chile es un país abierto al mundo tanto a nivel comercial como financiero. Lo responsable es reconocer esta realidad y estar preparados. Es por ello que el Ministerio de Hacienda está trabajando en delinear un plan de contingencia para hacer frente a un posible deterioro de las condiciones externas.
Es evidente que la situación económica internacional ha sufrido un significativo retroceso en el último tiempo. Ello no sólo compromete las perspectivas de crecimiento de las principales economías desarrolladas sino que también se ha plasmado en un nuevo y creciente riesgo de inestabilidad bancaria y financiera mundial.
En Europa, lo que comenzó como un problema de Grecia ha derivado en uno de la Eurozona, principalmente por el riesgo de contagio a través del canal bancario hacia economías relevantes de la UE, incluyendo a Francia e Italia. Estados Unidos, por su parte, no da señales de recuperación económica sólida. Y si bien su problema de endeudamiento vivió un respiro con la ampliación de límites decretada el mes pasado, en lo estructural está lejos de estar resuelto.
La incertidumbre se ha traducido en un derrumbe de las bolsas de las principales plazas del mundo, con caídas de entre 20% y 30% en el último mes y medio. También se ha incrementado significativamente el precio de los activos de reserva como el oro y los bonos del tesoro alemanes y norteamericanos. Y se ha producido un fuerte aumento en la volatilidad de los mercados financieros.
Es en este contexto que estamos trabajando un plan de contingencia, que contempla un análisis de escenarios internos posibles ante un empeoramiento de la situación externa. También contempla diseñar respuestas adecuadas y su implementación coordinada entre autoridades antes de que los eventuales problemas ocurran.
Como parte de este plan, aprovechamos el acceso privilegiado que tiene Chile a los mercados para levantar US$ 1.350 millones en dos bonos soberanos a 10 años. Uno por US$ 1.000 millones a la tasa más baja en nuestros dos siglos de vida independiente. Otro denominado en pesos por US$ 350 millones, colocado a 4,4% en circunstancias en que ese mismo bono se coloca en Chile sobre 5%.
Las bajas tasas le significaron —sólo para el bono en pesos— un ahorro directo de intereses al fisco por unos US$ 20 millones respecto de haber emitido localmente. Pero esta colocación es especialmente significativa por otras razones. Primero, porque aprovecha el acceso privilegiado de Chile a financiamiento barato en momentos de incertidumbre, donde la liquidez cobra mayor valor. Segundo, porque facilita el acceso de nuestras empresas a financiamiento externo en dólares y en pesos, al generar un punto de referencia —o benchmark— muy favorable.
No somos alarmistas, pero sí debemos ser realistas. Y, sobre todo, debemos estar preparados para enfrentar una situación externa más deteriorada. Seguiremos trabajando incansablemente para monitorear a diario la evolución de los mercados internacionales y diseñar las medidas para mitigar sus efectos adversos sobre Chile. Nos preocuparemos especialmente de minimizar las consecuencias de un cuadro internacional más adverso sobre los sectores más vulnerables y nuestra gran clase media. Pero este esfuerzo no sólo es del Gobierno, sino que debe ser de todos. Es por ello que también hacemos un llamado a la responsabilidad, tanto en las demandas sociales como en la discusión presupuestaria que se avecina.
Columna publicada en El Mercurio

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