Gobierno de Chile

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La hora de la responsabilidad

Allanar el camino para resolver los conflictos sociales y políticos es tarea de todos. Se trata de un esfuerzo que demanda la cooperación y lealtad de los partidos políticos, y un diálogo permanente con la ciudadanía. Para conseguirlo, el gobierno del Presidente Piñera ha orientado todos sus esfuerzos para atender las demandas ciudadanas. Pero el gobierno no basta: lo importante es que exista, desde todos los actores, una voluntad política y un compromiso para solucionar los problemas a través del diálogo.

Sin embargo, el clima de efervescencia imperante ha generado una dinámica que no contribuye a resolver los problemas, sino a postergarlos y profundizarlos. Con frecuencia prima el cálculo político y el cortoplacismo, en perjuicio de los consensos y la búsqueda de acuerdos. En estos tira y afloja el respeto hacia las instituciones muchas veces ha pasado a pérdida. Una cosa es que los planteamientos se endurezcan y otra -bastante más peligrosa- es jugar con las bases de nuestra institucionalidad.

Estas prácticas no favorecen a nadie y a lo único que conducen es a envenenar la convivencia y debilitar la democracia representativa. Es inaceptable, por ejemplo, que importantes personalidades del Congreso encabecen marchas y protestas, desmarcándose del rol que les compete, actuando como si fuesen figuras ajenas al mundo político y eludiendo su propia responsabilidad en la solución de los problemas. Los parlamentarios, sin distinción de color político, deben tener muy presente que las reformas pasan también por ellos y no sólo por el Ejecutivo.

Así como parece inconducente que parte de la ciudadanía exija al gobierno soluciones inmediatas -sabemos que los verdaderos cambios son procesos graduales y paulatinos-, es necesario que los chilenos sientan, a su vez, mayor responsabilidad en cuidar la democracia. Este imperativo no debiera circunscribirse sólo a quienes ejercemos cargos públicos. Apelamos a una ciudadanía que actúe con madurez cívica, que respete los tiempos políticos y que se exprese con realismo dentro de los márgenes de responsabilidad y resguardo compatibles con el sistema republicano de gobierno. Hay que cuidar las instituciones y respetar las investiduras. Las agresiones a los ministros, los insultos al Presidente o la descalificación de nuestra democracia son actitudes que debemos desterrar. Todos sabemos que por esa senda Chile no cosechó en el pasado más que desencuentros, abusos, angustias, atropellos y frustraciones.

Si conseguimos como sociedad actuar con apertura, responsabilidad y prudencia, lograremos superar cualquier inconveniente. Así lo ha venido haciendo Chile en las últimas décadas. El prestigio y la credibilidad de nuestro sistema democrático dependen -en gran medida- de la capacidad que tengamos de trabajar juntos, de postergar intereses particulares ante el bien común y de encarar unidos los problemas que arrastramos como país.

Columna publicada en La Tercera

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