El litio: ¿estratégico y no concesible?

El debate sobre el litio muestra el altísimo interés que genera este mineral, abundante en el mundo, y del cual Chile también tiene reservas, por su condición de mineral no concesible, lo que en la práctica no permite que pueda ser explorado y explotado como el resto de los minerales.
El litio es un elemento químico no metálico, que aunque menos conocido que el cobre, el oro y la plata, tiene múltiples usos en grasas lubricantes, vidrios y cerámicas y especialmente en baterías recargables, que a diario utilizamos en teléfonos celulares y computadores. Entre sus atribuciones, destaca que la minería del litio en Chile, donde se extrae de salmueras, es limpia y segura, con escaso impacto en el medio ambiente.
Nuestro país, generoso en minerales, tiene una de las mayores reservas del mundo y es el mayor productor mundial, con más de 40% del mercado, lo que presupone el potencial desarrollo de un gran mercado y riquezas futuras para Chile. No obstante, usando la demanda proyectada para 2020, bastaría sólo con las reservas del Salar de Atacama para abastecer al mundo entero por los próximos… ¡1.500 años!
Y si bien la demanda ha ido aumentando a lo largo de los años gracias a las baterías recargables, la capacidad de producción sigue estando muy por encima de la demanda. Este es un mercado pequeño, inferior a US$ 500 millones anuales. Como referencia, las exportaciones de cobre de nuestro país, el año 2009, fueron sobre US$ 26.271 millones.
En este escenario, creemos que es por el lado de la demanda donde enfrentamos una oportunidad. Iniciativas como los autos eléctricos, con baterías que utilizan litio, y nuevos usos en acumulación de energía, pueden hacer que el consumo aumente de manera exponencial. Chile sería el principal beneficiado frente a un mercado en expansión al tener reservas y los menores costos de producción.
¿Cómo incentivar estos nuevos usos que hoy se exploran y provocar una mayor demanda? Aunque no tenemos ventajas en investigación y desarrollo en estos temas, sí tenemos la opción de asociarnos con quienes estén a la vanguardia, y tener un marco legal que permita proyectar una producción futura creciente, clave para quienes desarrollan estos nuevos usos.
No obstante, la realidad es que hoy no se puede producir libremente el mineral, dada su condición de no concesible. Si alguien tiene una pertenencia minera puede explotar todos los minerales que encuentre, salvo el litio. Esto es un enorme desincentivo para la exploración. La minería del litio se desarrolla actualmente a través de pertenencias mineras de la Corfo, que tiene contratos de explotación con privados. Pero éstos son periódicos, y establecen límites al mineral que se puede extraer. Este esquema provee un menor resguardo jurídico al inversionista, y genera una serie de problemas de otra índole, como, por ejemplo: ¿en base a qué se asignan los contratos? o ¿cuánto se les autoriza a extraer?
Además de estas dificultades, cabe preguntarse en términos más conceptuales si se justifica que el litio tenga un régimen jurídico distinto y único respecto de los demás minerales. ¿Existe algún argumento sólido para esto? Un ejemplo es Estados Unidos, que suele mantener reservas de materiales considerados estratégicos, y que liquidó su stock de litio hace años en el mercado. Hasta donde sabemos, el litio no tiene ningún tratamiento especial en ninguna parte del mundo, y parece razonable que Chile siga los
mismos pasos.
Sentarse sobre un mineral a esperar no tiene ningún valor. Necesitamos que se desarrollen tecnologías, dar valor agregado al producto, y fomentar la exploración y explotación del litio. El rol estatal es de enorme importancia como regulador, fiscalizador, y facilitador de instancias que generen investigación y desarrollo.
Tomando las medidas correctas podemos soñar con que el litio algún día tenga la importancia que hoy tiene el cobre para nuestro país. La decisión es nuestra, y necesitamos partir por la voluntad de revisar las reglas que enmarcan a la industria, que hoy no responden ni a la realidad del país ni a la del resto del mundo. Nuestro desafío está en iniciar el debate, conocer sus potenciales usos y mercados, así como sus posibles beneficios para Chile, y, a partir de ahí, generar decisiones informadas y proponer lineamientos en base a consensos amplios.
Columna publicada en El Mercurio
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